Del Libro de los Jueces:

Sansón

El gigante hebreo de las mil fuerzas


Sansón después de luchar contra un león sin más armas que sus propias manos, cuadro de Francesco Hayez.
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En el libro de los Jueces de la Sagrada Biblia (capítulos 13 y 16), se narra la historia de un hombre, bastante grande y con una fuerza excepcional. Sus padres Manoa y Hatzlelponi, que era estéril, pertenecían a la tribu de Dan. Cierto día un ángel del Señor se les apareció y les anunció que tendrían un hijo y que su destino era liberar a Israel de los malvados filisteos. Según el ángel, la futura madre no debía tomar vino ni sidra embriagante ni comer nada impuro, y el hijo que nacería no debía cortarse el cabello para indicar su desapego a las cosas terrenas y su absoluta dedicación al Señor. El niño nació y se llamó Sansón.

Con el transcurso del tiempo el niño se convirtió en un hombre, fuerte y valiente. Cuando estuvo en edad de casarse eligió a una mujer filistea para esposa, pese a la oposición de sus padres, que preferían una joven israelita. De camino con ellos a la petición de mano, según la costumbre, de pronto fueron atacados por un león, Sansón se enfrenta a la fiera al que da muerte haciendo uso únicamente de su fuerza descomunal.

Los filisteos se muestran molestos porque había elegido a una mujer de aquella tribu para casarse y, finalmente, ella se vio obligada a abandonar la casa de su marido. Sansón se enfureció por esto, y en la época de la cosecha tramó su venganza, captura 300 zorra a las ata de dos en dos, con una antorcha encendida entre sus colas. El dolor enloquece a los animales que echan a correr por los campos enemigos quemando todos los cultivos. En represalia los filisteos prenden fuego a la casa de Sansón, sus vecinos y amigos temerosos de la ira de los filisteos y con el fin de salvar sus vidas y sus bienes, decidieron entregar a Sansón a sus enemigos. Lo capturan mediante una estratagema y lo atan con recias cuerdas para entregarlo a los israelitas. Tres mil hombres vienen para llevárselo, prometiendo no matarlo, pero Sansón, poseído por el espíritu del Señor, rompe las cuerdas y se libera, y usando una quijada de burro que se encontraba en el suelo, se defendió con ella, matando a mil hombres.

Debido al calor del sol y al ardor de la lucha, sintió gran sed, entonces se abrió una piedra y de ella brotó abundante agua, con el que aplacó su sed. Después de esto es nombrado juez de Israel durante veinte años.

Encontrándose Sansón en Gaza, los filisteos cercaron esa ciudad con la intención de capturarlo vivo o muerto. Sus enemigos cerraron los enormes portones que protegían la ciudad. El héroe para salvar su vida arrancó una de las puertas, la levantó sobre sus hombros y la usó como escudo. Luego la transportó a la cumbre del monte Hebrón, los filisteos estaban asombra-dos de su tremenda fuerza y no osaron capturarlo.

Una mujer fue la causa de la desgracia de Sansón. Se llamaba Dalila y era filistea, a cambio de algunas piezas de plata, la enviaron a la tienda del valien-te guerrero, al verla tan bella y delicada, se enamoró de ella, quien, gracias a sus encantos logró arrancar el secreto de su fuerza que provenía de sus cabellos; entonces las manos de Dios se apartaron de su cabeza. Dalila se encargó de embriagarlo hasta que el héroe quedó profundamente dormido sobre las rodillas de ella, entonces un sirviente se encargó de cortar las siete trenzas y Sansón se que-dó sin su extraordinaria fuerza.

Irrumpieron los filisteos y lo capturan llevándolo a una mazmorra donde lo someten a terribles tor-mentos, le arrancan los ojos y es puesto a mover la pesada rueda de piedra de un molino, así trabajó por algún tiempo moliendo trigo para sus enemigos. Sin embargo, sus cabellos volvieron a crecer, de mo-do que fue recuperando sus fuerzas.

Los filisteos seguros de su triunfo no dejaban de celebrar, hacían sacrificios en honor de Dagón, su dios, y llevaron a Sansón al templo que estaba lleno de gente, lo encadenaron a las columnas del edificio y comenzaron a burlarse de él. Sansón, rogó a Dios para que le restituyese por última vez su fuerza.

Se apoyó en las enormes columnas que sostenían el templo y añadió: “Mue-ra yo con los filisteos”, toda la estructu-ra se vino abajo con gran estrépito, aplastando a todos los concurrentes a esta celebración entre ellos a Sansón. Tres mil filisteos habían muerto sepulta-dos bajo los escombros del templo. El héroe de los hebreos había matado a más personas de las que había matado durante toda su vida. Sus familiares con gran aflicción, recuperaron su cuerpo y lo enterraron con todas las ceremonias cerca de la tumba de su padre Manoa.

 
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