La hoja intocable



UN COCAL CULTIVADO EN EL ÁREA DE SUD YUNGAS DE LA PAZ.
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La historia de la hoja de coca es parte de la historia de la etapa precolombina, colonial y republicana. Es la historia de los sindicatos campesinos de Yungas de La Paz y de muchos relocalizados mineros del año 1985, convertidos de la noche a la mañana, en agricultores, y luego, en influyentes inscritos en las federaciones de productores de coca del subtrópico de Cochabamba.

Los cocales de Yungas, reiteramos, han sobrevivido al sistema colonial; a parte del período republicano y con absoluta seguridad, incluso al actual Estado Plurinacional, mientras que el cultivo de esta planta, ha echado raíces en las selvas del Chapare y provincias aledañas.

Además, la defensa de la coca ha sido fundamental para generar sistemas políticos contrarios al sistema de partidos clásicos y sin lugar a equivocarnos, el sector cocalero de los dos departamentos productores, es el apoyo social del Movimiento Al Socialismo y, por ende, el respaldo efectivo del mismo presidente Evo Morales, reelecto líder de estos movimientos sociales.

Nuestro análisis indica, en consecuencia, que la historia de la coca y su vigencia durante siglos no será mellada en la actualidad ni por el Gobierno ni por tendencias de la oposición que exigen su erradicación en el marco de la ley. Tal vez, sea aceptado un tributo mínimo por su comercialización.

El mejor testimonio de que la hoja de coca es intocable nos remonta, por ejemplo, a los hechos sindicales y políticos de la última década del pasado Siglo Veinte, autores entre otros factores, del lanzamiento del MAS y su líder.

Recordemos aquellas jornadas, comentando la tipología de la marcha de 1994 y el sentido político-ideológico, que años más tarde, diera lugar a un proceso de raigambre indigenista.

LA MARCHA DE 1994

El documento político de la Asamblea de Naciones Originarias fue el primer “instrumento” en manos del sector cocalero. Su contenido influenció definitivamente las marchas de la coca y destacó entre los movilizados, la sed por recuperar los territorios que la Colonia española había hecho suyos. Los conceptos “territorio” y “soberanía” fueron integrados a la política cocalera contra la erradicación de coca ilegal.

En 1994, el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, luego de infructuosas negociaciones con los productores de coca, lanzó el Operativo Nuevo Amanecer. El 8 de agosto, en Chimoré, más de 10 mil cocaleros y representantes de la COB, Csutcb y CSCB decidieron caminar, en prolongada marcha, hasta la ciudad de La Paz, el corazón político de Bolivia.

Evo Morales fue apresado momentáneamente. Los marchistas organizaron de inmediato una “Coordinadora”, mientras Morales Ayma salía libre. Uno de los antecendentes que motivó la marcha que se preparaba fue el ejemplo dado por mil quinientos cocaleros de La Asunta, Nor Yungas, departamento de La Paz, que caminaron 210 kilómetros, en diciembre de 1993, hasta la sede de Gobierno exigiendo la despenalización de la coca.

La marcha que partía de Villa Tunari surgía con amenazas de repetir la experiencia de Chiapas. Evo Morales había sentenciado: “Los compañeros productores de coca hemos decidido, definitivamente, si el Gobierno no cambia de política respecto a la forma de erradicación de los cultivos de coca, pasar de la resistencia a la ofensiva y decir qué vamos a enfrentar, hacer cualquier cosa para defender la coca...”.

En Chulumani, 50 mil cocaleros exigían que se expulse de la zona a médicos norteamericanos. El dirigente de la Asociación de Productores de Coca de Yungas, Crisólogo Gómez, dijo que la movilización de su gente es tanto una expresión de respaldo a los cocaleros del Chapare, cuanto una actitud de defensa de sus propios cocales. “Los campesinos no permitiremos la erradicación de coca. Si es necesario, utilizaremos la fuerza para evitar la erradicación”.

El 29 de agosto de 1994, la marcha partió de Villa Tunari a la ciudad de La Paz. Debía recorrer 600 kilómetros. Los seguidores declararon que “los marchistas habían sido seleccionados por cada sindicato en función de ciertas aptitudes. Se tomó en cuenta su juventud, fortaleza y resistencia; debían estar preparados para una travesía difícil”.

Los marchistas que se habían dividido en grupos pequeños para burlar la vigilancia de las fuerzas del orden, exigían al gobierno “la salida de militares y policías del trópico; la modificación de la Ley 1008; el retiro inmediato de Usaid, etc.”.

La marcha culminó su primera etapa en la ciudad de Cochabamba. Las estrategias empleadas en la caminata se resumen en la dispersión de la masa campesina, utilización de caminos de herradura, debut de la “policía sindical” y la creación de “comandantes”.

“Los comandantes que pasaron a la historia del movimiento popular en su conjunto y los que dirigieron la marcha fueron: Juan de la Cruz Villca (COB), Néstor Bravo(CsutcB), Gerardo García (CSCB), Marta Nina y Sandra Macías, Alejo Véliz y Román Loayza (Fsutcc), Willian Condori, Federación del Trópico; Francisco Fernández y Primo Ibarra, de la Federación Carrasco Tropical; Epifanio Cruz, de la Federación de Chimoré; Quintín Vargas de la Federación Centrales Unidas, José Colque, Efraín Villca de los maestros rurales. Posteriormente se unieron Ciro Rivas, Federación de Santa Cruz y Lucio Huanca, de la provincia Inquisivi”.

Germán Felipes, secretario de Hacienda de la Federación Especial de Trabajadores Campesinos del Trópico de Cochabamba (Fetctc), en plena marcha afirmó: “Los dirigentes reconocemos que nos falta organización, pero ya hemos determinado enviar una comisión para el grueso de los marchistas nos espere. Debemos caminar juntos, porque siendo más podremos enfrentar al Ejército. Además los comunarios de estos lugares nos han dicho que si entra el Ejército ya no va a salir. Ellos están listos para bloquear”.

El 7 de septiembre, Evo Morales se unió a la marcha cocalera y en su arenga dijo: “Los aymaras (y) los quechuas somos la expresión y la voz de tantas raíces de nuestra cultura y esa expresión está empezando a brillar y madurar como la semilla de coca: rojo y brilloso”.

El 19 de septiembre, los marchistas ingresaron a la ciudad de La Paz. En la plaza San Francisco, desde un balcón, se dirigió a su gente en los siguientes términos: “Esta marcha Por la Vida, la Coca y la Soberanía Nacional el 8 de agosto en Chimoré ha sido decidida por los productores de coca y recibida en un ambiente de militarización; el 13 de agosto, ha sido planificada por quinientos dirigentes en Villa Tunari, se ha planificado para resistir al Gobierno, para resistir a la DEA de Estados Unidos”. “Quisiera preguntar qué dice ahora cuando el mismo Presidente de la República instruye no permitir ninguna marcha de los cocaleros; pero esta marcha se ha impuesto ante este Gobierno y sus aliados (...). El Gobierno apoyado por la DEA y las Fuerzas Armadas tiene miedo hasta de un cadáver; el Gobierno es un cobarde para tener miedo del compañero fallecido en la marcha....Por eso, la unidad de los productores de coca se está imponiendo a este Gobierno represor (...)”. “La marcha se ha impuesto (...). Como siempre no hemos conseguido todo, por ejemplo la expulsión de la DEA del Chapare. Cuando nosotros recuperemos el poder político vamos a poder sacarlos a patadas, como a cucarachas a los gringos de nuestro país”.

Para ese tiempo, había madurado la idea de construir un instrumento político. “No hay ningún partido ni movimiento originario ni movimiento cocalero. Hasta ahora está claro que la Asamblea de Naciones Originarias tiene que haber en cada comunidad y tiene que levantarse como un pequeño Estado”, había dicho Alejo Véliz de retorno a Cochabamba.

La marcha cocalera no logró todos sus objetivos, pero probó su eficacia como arma publicitaria para este sector, mostró síntomas de la presencia de una policía campesina y de dirigentes elevados al rango de comandantes.

Es decir, la marcha fue una experiencia de tipo militar-político que inyectó la convicción de que los movimientos sociales podían acceder al poder, como lo hicieron a partir del año 2003 a la fecha.

ONG

En 1994 fueron incontables las cartas de apoyo de instituciones extranjeras y de las ONG al movimiento cocalero. Citemos por ejemplo a C11R, de Londres, Iniciativa Indígena por La Paz, de México; Human Rights Watch-Asia, American Friends Service Comité, Observatoire Geopolitique des Drogues, Francia, Grupo Abelle, Italia, etc.

Sin embargo, hoy, las Organizaciones No Gubernamentales están conminadas a ejercer su trabajo, bajo las normas del gobierno del presidente Evo Morales Ayma: si no aceptan, se van. Entretanto, en algunas asociaciones dedicadas a la comercialización de coca, en los departamentos de La Paz y Cochabamba, se habla en este invierno 2015, de pagar un pequeño tributo al Estado. (Clovis Díaz) (clovisdiazf@gmail.com)

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