[Erika J. Rivera]

Gonzalo Lema en la literatura boliviana


En el género literario de la novela policial y el cuento de detectives, el cultor boliviano más importante es Gonzalo Lema Vargas. Nacido en Tarija y residente en Cochabamba, Lema ha tenido también una importante carrera pública, llegando a ser vocal de la Corte Nacional Electoral. Asimismo Lema es un reconocido autor con importantes premios en el ámbito de la literatura, como por ejemplo el premio “Marcelo Quiroga Santa Cruz” en 2012. Es importante mencionar que el autor no solo cultiva este género literario sino que además es columnista en la prensa escrita. Podemos también señalar los temas principales de sus reflexiones: ¿Qué significa ser boliviano? ¿Cómo piensa el boliviano la alegría o el dolor? ¿Cómo vive su fiesta? ¿Qué visión tiene de la patria? ¿En esa visión estamos todos los que somos bolivianos por sangre y / o por suelo? ¿Qué piensa el boliviano del confort? Y el acullicu ¿va a reemplazar el postre afrancesado? ¿El mate de coca es de masivo consumo nacional? ¿Qué pensamos de la movilidad social?

En diálogo con Carlos Montenegro, Lema nos muestra la necesidad de comprender qué razonamiento es nacional y cuál un resabio colonial, interpela a la compresión de los complejos traumas y se sorprende del menosprecio al telurismo por grupos sociales en contra de los cimientos del país. Lema considera imprescindible la aceptación de lo que somos, es decir, un país de matriz indígena, y esta aceptación de lo que somos es la vía para construir un mejor camino.

Encuentro, sin embargo, una tensión en Gonzalo Lema sobre la construcción de lo boliviano. Considero que el autor es el reflejo de una Bolivia que se transforma aceleradamente en algunos aspectos y en otras no existe ninguna transformación cualitativa. Por ejemplo hoy vemos a los ciudadanos con mayor acceso a las tecnologías y la información, pero no sabemos el impacto en la calidad de vida de los mismos. A pesar de que vemos a mucha gente ocupada en su celular no sabemos la calidad de información y si eso les permite reflexionar mejor. También es posible que los niveles de lectura y comprensión no se hayan elevado. Asimismo es posible que todo ese acceso a la información no transforme nuestras conductas como ciudadanos.

Como Lema nos dice: el no haber alternancia en el poder puede producir el desencanto. Esto significa que no hemos interiorizado como sociedad los principios de la democracia. Es decir que a pesar de que ya no vivimos en dictadura, no hemos transformado nuestra ciudadanía cualitativamente. Los escritos de Lema reflejan a una generación que se mueve entre estos dos polos y que no actúa claramente: entre un discurso de una democracia abierta, pluralista y un telurismo que se confronta a lo foráneo y exige la construcción de lo propio. Entonces en diálogo tal vez deberíamos determinar qué es eso de lo propio para construir un proyecto de nación, según entiendo reconocer la matriz indígena, de acuerdo, pero ¿será suficiente? Estoy de acuerdo en que todos somos indios sin importar a que estrato social pertenezcamos, ni las clases altas se libran de esta matriz. Sin embargo todo este telurismo ¿nos ayudará a transformar las instituciones? Vemos que muchos, así sean indígenas a diestra y siniestra, desean perpetuarse en el poder sin ninguna transformación verdaderamente democrática. Es en este sentido que sí debemos desconfiar del telurismo y de lo que se quiere denominar como lo propio. En una palabra, deberíamos aclararnos si las concepciones del telurismo fortalecen la democracia o la socavan, si se confrontan o se complementan, si amplían el aspecto plural o nos vuelve más autoritarios y etnocentristas o si nos permitirá lograr metas comunes como sociedad o solo servirá para construir nuevas élites. Las columnas de Lema nos permiten ver estas propias tensiones en el autor; por lo tanto nos permite percatarnos sobre la transición histórica que nos ha tocado vivir como generación y nos invocan a no ser indiferentes ante estas reflexiones.

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