[Armando Méndez]

La cooperación en los mercados


Cuando se observa a la economía de mercado no se ve la cooperación intrínseca que se vive en este sistema económico, sólo se ve la competencia, que suele ser mayor cuando más libre es la actividad económica y el comercio.

Cuando se habla de economía de mercado se tiende a enfatizar el sentido competitivo que tiene la actividad económica y se descuida el hecho esencial de que el mercado es una organización social.

Lo que a menudo sucede es que los cooperantes de la actividad económica ni siquiera se conocen, y en una economía que se globaliza más y más la cooperación trasciende las fronteras y los continentes. La economía de mercado coordina las actividades de los agentes económicos a través de influencias recíprocas al momento de realizar transacciones, con lo que se comprueba que la cooperación es el fundamento de la vida social y que está en el núcleo del sistema de mercado.

De la misma manera que el Estado actúa en el control y la coordinación de los hechos y comportamientos de las personas que requieren de su presencia, el mercado lo hace en el ámbito económico, vale decir, en el ámbito de las transacciones, de las compras y las ventas. En toda actividad humana que se requiera hacer compras está presente el mercado como medio de coordinación económica.

El sistema de mercado es un coordinador en gran escala de la actividad económica, de qué, cómo y para quién producir, que utiliza el mecanismo de ajustes mutuos y continuos para encarar las dificultades del fundamental problema económico, que es la escasez, frente a deseos ilimitados.

Un sistema de mercado efectúa libremente la coordinación social que se realiza mediante ajustes mutuos entre quienes participan, lo que es posible por la libre presencia de la flexibilidad de precios, en lugar de utilizar una autoridad o coordinador central, lo que trae consigo la perdida de libertad. Se puede afirmar que un sistema de mercado es un proceso de comportamientos humanos cooperativos, voluntarios y no impuestos, las más de las veces de manera inconsciente.

Si se quiere que las personas que cooperan también tengan libre elección respecto a cómo y cuándo participar en cualquier tipo de actividad económica, la cooperación se torna en un hecho complejo, que únicamente la economía de mercado puede enfrentar con éxito y de manera eficiente. Un sistema cooperativo basado en normas y en autoridad sólo es eficiente para ciertos tamaños de actividades económicas, como las que se dan al interior de las empresas, pero nunca es viable para organizar la actividad económica de la sociedad.

El sistema de mercado significa que las decisiones de qué, cómo y para quién se produce pertenecen al ámbito privado. Se puede calificar al sistema de mercado como democrático en sí mismo porque la gente continuamente está votando al momento de hacer sus compras, a esto también se llama los “votos monetarios”.

En la medida que el sistema se desarrolla, no sólo se crea bienes y servicios que favorecen a las mayorías, sino que la riqueza tiende a bajar de arriba hacia abajo. Quiero recordar que cuando se inventó la bicicleta era imposible su uso masivo porque la misma tenía un costo igual al salario anual de un obrero. Hoy, es un bien al alcance de cualquier persona. La gente elige lo que quiere consumir de la misma manera que en la política democrática elige a sus gobernantes.

El sistema de mercado puede hacer rica a una sociedad porque al proteger las libertades personales y los derechos de propiedad incentiva la creatividad y la acumulación de capital. Adicionalmente, al coordinar el comportamiento de las actividades económicas, con mucha precisión, genera un alto crecimiento eficiente en la creación de riquezas. También ha dado al traste con desigualdades históricas basadas en el linaje y el poder militar, aunque ha introducido la disparidad de ingresos, porque la economía de mercado genera un crecimiento en ingresos que no es igualitario para todos. Esta es la principal crítica que hacen sus detractores. Y esto es así porque las productividades individuales y la escasez son diferentes. A mayor productividad y mayor escasez se tiene una mayor remuneración.

Generalmente, las personas cooperan no por razones altruistas, sino porque al hacerlo también logran sus propios objetivos. Adam Smith calificó a este hecho como la “mano invisible”. Todos buscando sus propios intereses alcanzan el bien común.

El autor es Profesor emérito de la UMSA y expresidente del Banco Central de Bolivia.

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