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Nomi Tejidos:

Emprendimiento artesanal entrelaza hilos y mucho cariño



Alejandra Romina Cárdenas
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La hábil tejedora forma un lazo, cierra el punto con un nudo corredizo y de inmediato inicia nuevamente el proceso. Los hilos se entrelazan al ritmo de un ganchillo y los suaves pero precisos movimientos de la mano. Con mucha paciencia, la labor de formar cadenas de hebras se transforma en un muñeco que se convertirá en un amigo especial.

Esta es la esencia de Nomi Tejidos: Más que un muñeco tejido a mano, Nomi ofrece un amigo especial para los niños.

Cada obra es una creación singular. No hay patrones y ninguno es igual al otro. “El ingrediente especial es el cariño que le dedico a cada tejido”, asegura Alejandra Romina Cárdenas, propietaria de Nomi Tejidos, un emprendimiento que comenzó como un pasatiempo y que, ahora, se hace un lugar en el mercado.

Alejandra combina el arte del crochet con la crianza de su hija, Sofía, y las prácticas de internado de medicina en el hospital Nuestra Señora de La Paz, para culminar su carrera profesional.

Como a todos, la pandemia le cambió la vida. En este tiempo, decidió fortalecer el emprendimiento.

Recibe los pedidos a través de su página en Facebook y su WhatsApp y realiza las entregas a domicilio. Las compras por internet y la voluntad de cumplir con los encargos, le permitieron aprovisionarse de la materia prima y aumentar sus ventas.

La calidad de sus creaciones es su principal carta de presentación. Cada obra terminada genera una ola de felicitaciones en las redes sociales y, casi de inmediato, un nuevo encargo.

“Estoy muy contenta porque el emprendimiento crece de a poco. Recibimos encargos de diferentes ciudades del país, los modelos son cada vez más exigentes y todos quedan contentos con sus muñecos”, dice Alejandra.

La técnica del tejido a gancho es legendaria. Su nombre viene del francés croché que no podía significar otra cosa que gancho. En Holanda se lo conoce como haken, en Dinamarca como haekling, en Noruega hekling y uncinetto en Italia.

Pero el origen del tejido de muñecos a crochet viene del Japón, donde el amigurumi tiene un profundo significado y una tradición arraigada. Tan grande es la costumbre, que anualmente, miles de amantes de los “peluches tejidos” se reúnen en encuentros para fortalecer este arte que busca alimentar el espíritu de niño que todos llevamos dentro.

¿Cómo nació Nomi Tejidos?

Alejandra retrocede la memoria un par de años. “A mi hija Sofía no le gustan las muñecas de plástico porque son muy duras, ni las que hablan porque le asustan. Por eso busqué en internet una muñeca diferente para ella. Encontré una técnica especial en crochet y decidí hacer una muñeca para ella”, cuenta.

Poco a poco fue perfeccionando la técnica. Los parientes quedaron encantados con los muñecos y comenzaron a realizar algunos encargos.

“Cuando mi hija era bebé no podía pronunciar la “R” por lo que me decía “Nomi” en lugar de Romi. Cuando comencé a vender los muñecos y había que ponerle un nombre al emprendimiento, decidí que lo más representativo de la historia de mis tejidos era el fuerte y especial vínculo que tengo con mi hija. Por eso se llama Nomi Tejidos”.

Después de la labor en el hospital, vuelve a los tejidos con la mente puesta en su hija, quien desde el inicio, fue el motivo de sus creaciones.

Ese vínculo entre madre e hija trasciende el emprendimiento por lo que cada creación entrelaza hilos, colores, ingenio y mucho cariño.

Hace poco, sus obras fueron expuestas en el Espacio Artesano Bolivia en Facebook generando muchos “likes”, buenos comentarios y varios encargos.

“El futuro de este emprendimiento es como la imaginación que da forma a nuestras creaciones: no tiene límite. Queremos seguir creciendo en el mercado para que más personas puedan tener ese amigo especial tejido a mano”, asegura Alejandra.

 
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