Preparan una nave para la órbita lunar mediante propulsión basada en agua



¿Es posible poner en órbita a la Luna un satélite mediante propulsión basada en un recurso natural tan abundante en la Tierra como es el agua? Sí, lo es.

 

Así lo está demostrando el equipo de Mason Peck, un antiguo directivo de la NASA y ahora profesor de ingeniería mecánica y aeroespacial en la Universidad Cornell de Estados Unidos, quien está intentando ir allí donde ningún desarrollador de CubeSats ha ido jamás: alrededor de la Luna.

 

Los CubeSats son una clase de vehículos espaciales caracterizados por un tamaño estandarizado pequeño y por el uso de tecnologías fácilmente disponibles. Muchos han sido construidos por estudiantes universitarios, y se han lanzado docenas de ellos hacia la órbita terrestre utilizando la capacidad de carga sobrante en lanzamientos espaciales de ingenios más grandes.

 

El grupo de Peck no solo busca lograr la primera órbita alrededor de la Luna con un satélite no mayor que una caja de cereales y fabricado por completo con componentes ampliamente disponibles en el mercado, sino que lo desea hacer en buena parte con un combustible que podríamos obtener simplemente abriendo una llave del baño.

 

Esta llamativa iniciativa tiene un objetivo muy importante: demostrar que podemos usar agua como combustible.

 

Mucha de la masa que se pone en la órbita hoy en día se halla en los cohetes, la única forma de enviar algo al espacio. Pero, ¿y si pudiéramos usar lo que ya está allí? Si pudiéramos hacer que las naves espaciales que ya están fuera de la Tierra repostaran, eso significaría que podríamos ir más lejos, probablemente más rápido y logrando hacer mucho más, sin depender de los suministros de la Tierra.

 Si todo va conforme a lo planeado, el CubeSat del equipo de Peck despegará a bordo de un cohete SLS y, en algún punto entre la Tierra y la Luna, será eyectado desde la zona de la carga útil.

 

El satélite tiene en realidad dos mitades en forma de “L”, que se desacoplarán y se separarán gradualmente entre sí, hasta kilómetros de distancia, aunque siguiendo ambas una trayectoria hacia la Luna. Los satélites gemelos girarán sobre sí mismos a medida que avancen, y ese giro creará momento angular que ayudará a evitar que se desvíen.

 

Con la energía capturada del Sol mediante células solares, el agua almacenada en sus tanques, en la parte baja de la “L”, se electrolizará liberado a sus dos gases constituyentes: hidrógeno y oxígeno. Estos, sometidos a las condiciones adecuadas, entrarán en combustión en cortas ráfagas, separadas por períodos de 30 minutos a una hora, proporcionando así propulsión. La rotación separará el agua líquida de los gases.

 

Cuando la nave entre en la zona dominada por la gravedad lunar, frenará y será enviada hacia una lejana órbita terrestre, para acabar reconectando con la Luna días después. El equipo de Peck cree que en este segundo encuentro el satélite estará volando lo bastante despacio como para ser atrapado por la Luna en una órbita a unos 10.000 kilómetros (6.200 millas) sobre la superficie lunar.

 
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