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[Rodolfo Becerra]

El Réquiem de Mozart


En el mundo antiguo, antes de la edad contemporánea, la religión constituía un verdadero poder, paralelo al poder temporal y a veces superior a éste, como lo es todavía actualmente, en algunos países con gobiernos teocráticos; y esa influencia abarcaba a todos los aspectos de la vida política, social y cultural. Pero en el mundo occidental esta preeminencia alcanzó al mundo artístico y cultural de modo casi absoluto, inspirando obras que son la admiración de su tiempo y de las generaciones posteriores. En pintura, escultura, arquitectura y música se ha logrado obras de una belleza sublime que conmueven el espíritu, elevándolo con armonías inconmensurables a campos y esferas etéreas.

La religión, dominadora de todos los ángulos de la vida, imponía formas, usos y costumbres infranqueables que nos dejan atónitos por tanta belleza producida por los genios del arte en todas sus manifestaciones. No obstante, en las artes la religión, lo divino, es su mayor inspiración, junto con la cultura griega que renace en esa floreciente época del Renacimiento, precisamente. Así surgen los geniales Leonardo da Vinci, Miguel Ángel y tantos otros que anonadan con sus obras; aparecen los músicos de la brillante época del barroco y del clasicismo con Bach, Haydn, Mozart, Beethoven y esa miríada de estrellas del firmamento celestial con sus armonías divinas.

Escuchar la música de esos genios ¿acaso no nos extasía, elevándonos al mundo de los ensueños paradisiacos? Una frase de Mozart en cualquiera de los géneros de su estro ¿no nos cautiva con sus dulces melodías? Y no nos hace sentir la grandeza del alma humana que se eleva a niveles superiores que hacen sentir que el hombre es inmortal por la belleza que ha producido? Por eso, Mozart en las armonías de su Réquiem hace su rememoración y despedida a todos los difuntos, dejando a sus congéneres un mensaje de amor y de redención con el lenguaje de la liturgia, a su vez como expresión de despedida y descanso en paz de éstos a sus difuntos.

El concierto de los días 12 y 13 de septiembre fue espléndido: La dirección, la orquesta, el coro y los cuatro solistas interpretaron el Réquiem con una maestría impecable. Amantes y profanos quedamos sobrecogidos con la magia de una música celestial y humana que repercutirá entre los hombres eternamente. Música solemne, vibrante, humana y divina al mismo tiempo, que ha obsequiado Mozart al mundo para su deleite imperecedero.

Al margen de la leyenda que rodea a esta magnífica obra, se sabe que si bien la última parte fue concluida por su alumno Franz Sussmayr, toda la obra está impregnada del espíritu y temas de Mozart, como asevera Carlos Seoane en su “Notas del programa”.

Esta nota no sería completa si no se resalta el mérito de los solistas: de Diana Azero, que ya la conocemos por su participación descollante en otros conciertos, calidad que ha repetido en el concierto que comentamos; de la contralto Alejandra Wayar, que está iniciando su ingreso al escenario musical con auspiciosas dotes, así como el tenor Fernando Flores; en cuanto al bajo, Marcelo Aguilar está cantando con más seguridad y talento, ya demostrados en sus anteriores presentaciones; recordemos que ya intervino como solista en el concierto de la 9ª Sinfonía de Beethoven que, como se recordará, sonó con un éxito resonante el año pasado.

Finalmente, otra vez el director Weimar Arancibia se anota como un conductor seguro de la actuación múltiple de la orquesta, coro y solistas en un concierto que alcanza cada vez más solvencia y precisión que puede hacer competir a nuestra orquesta sinfónica y a la Sociedad Coral Boliviana entre otras prestigiosas de América Latina y solo espera una mejor atención del Gobierno para consolidar e incrementar su solvencia y prestigio. Algo que debe ser una meta es profesionalizar y ampliar a los integrantes de la orquesta que acudan a los ensayos y eventos musicales, como una ocupación casi permanente y mejor remunerada y no como hasta ahora, una actividad tangencial, que sea aporte mayormente de la vocación artística personal. Hay mucho desarrollo de talentos que se descubre, pero es como resultado de inquietudes y entusiasmos aislados de carácter privado, como de “Bolivia Clásica”, por ejemplo, tarea en la que el Gobierno puede aportar con un pequeño y seguro impulso económico.

Nuestras felicitaciones a los integrantes de la Orquesta Sinfónica Nacional y a su Director por el magnífico regalo del Réquiem de Mozart.

bdlarltd@hotmail.com

 
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