Pequeñas historias

En cumplimiento del deber



Los suizos han sido elogiados con frecuencia por las proezas realizadas por sus soldados en los campos de batalla, y una, sin duda, la más célebre, fue la que los soldados suizos, nación ubicada entre los nevados alpinos, realizaron en París, durante los dramáticos sucesos de la revolución de 1792.

El rey de Francia Luis XVI, había depositado toda su confianza en los suizos y formado una guardia de honor constituida por leales soldados del lago Lucerna y de otros cantones; estos hombres recibieron el nombre de “Guardias del Rey”.

Estallada la revolución francesa en 1789, el 6 de octubre de ese mismo año, el rey Luis XVI, su esposa María Antonieta y sus hijos se trasladaron del palacio de Versalles al palacio de las Tullerías para protegerse del revolucionarios. En junio de 1791 Luis XVI trató de huir al extranjero, cuando intentaban cruzar la frontera fue de-tenido y condenado a arresto domiciliario. En la insurrección del 10 de agosto de 1792, los revolucionarios tomaron el palacio. La lucha comenzó cuando 5 miembros de la Guardia Suiza fueron asesinados ante su capitán, pero la Guardia Suiza logró contener el asalto. Mientras tanto el rey se refugió en la Asamblea Legislativa, donde fue obligado a pedir a la Guardia Suiza que se retirase y volviese a sus cuarteles. El capitán Dürler, que había visto como asesinaban a sus cinco guardias le pidió al rey una orden por escrito. Cuando el rey se la facilitó, acató la orden y al salir del palacio, indefensos, fueron masacrados sin piedad por los revolucionarios y sus cabezas puestas en picas en las calles de la ciudad. De los 1.000 miembros de la Guardia Suiza que defendían al rey, sólo sobrevivieron unos 300. Habían resistido por varios días el embate de las hordas populares, hasta que finalmente, entre los días 2 y 3 de septiembre fueron exterminados los últimos guardias suizos.

Esta determinación heroica de la guardia, inspiró al gran escultor dinamarqués Bertel Thorwaldsen la construcción entre 1819 y 1821 de un hermoso monumento conmemorativo, que fue esculpido en una roca natural en el Jardín del lago de Lucerna en Suiza. La obra representa a un león caído, herido de muerte y con el dolor clavado en el rostro, sobre un escudo con la flor de lis de la Monarquía francesa y junto a él hay un escudo con el emblema de Suiza. En la escultura, sobre la cabeza del león se lee: Helvetiorum Fidei ac Virtuti; inscripción latina que significa: “A la lealtad y valentía de los soldados suizos” y siguen los nombres de los que no queriendo faltar al juramento de lealtad, cayeron todos, oficiales y soldados, no en defensa de la patria, sino simplemente en el cumplimiento de un deber para con un rey extranjero.

 
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