Historia

Conmoción en París

La Asamblea Nacional Constituyente aprobó, en sesión solemne, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.


Honoré Gabriel Mirabeau (1749 - 1791), fue el orador más eminente de la Revolución Francesa y vehemente defensor de la monarquía constitucional.

París, 26 de agosto de 1789.- Gran repercusión provocó aquí la proclamación de derechos efectuada hoy por la Asamblea Nacional Constituyente de Francia.

Todo París comenta por las calles, en salones de reuniones políticas y entre agrupaciones sociales populares los alcances de esta declaración sobre los derechos del hombre. “Estamos tratando de acostumbrarnos a ideas inconcebibles dentro de nuestro país”, señaló un panadero que acude regularmente a la seccional de su barrio.

“¿Cuándo en Francia podríamos pensar que todos los hombres hemos nacido libres e iguales y que todos gozamos de los mismos derechos? Resulta aún increíble.

Pero me gusta la idea. Principalmente saber que de ahora en adelante todos, sin excepción, tenemos que pagar impuestos y ya no hay más privilegios que amparen a algunos y nos recarguen a otros”, agregó.

“Nuestros representantes nos han interpretado bien”, dijo por su parte un comerciante bien establecido.

“Tenemos libertad para actuar, para pensar y para opinar, nadie puede violar nuestra propiedad, ni siquiera el rey.

El Estado debe ocuparse de garantizar nuestra seguridad; son cambios muy grandes que hace tiempo ya se tendrían que haber efectuado”.

El documento elaborado por un comité de cinco miembros, fue presentado ante la Asamblea Nacional Constituyente por el conde de Mirabeau. En el discurso previo al análisis del contenido de la declaración por los constituyentes, Mirabeau fundamento la finalidad que aquella persigue en los siguientes términos: “Si estos principios quedaran consagrados, Francia estará instaurando un régimen social cuyas leyes se convertirán en el modelo de toda Europa, puesto que. . . esa es la influencia de los grandes estados. . . (en los que) cada progreso en su Constitución, en sus leyes y en su sociedad, engrandece la razón y la perfectibilidad de los hombres”.

La declaración destaca los derechos del Individuo –libertad, igualdad y propiedad- y los de la nación: soberanía, ley como la expresión de la voluntad general y la seguridad.

El nuevo ordenamiento jurídico está asegurado por el principio de separación de poderes y si la opresión volviera a reimplantarse en el estado, le asiste a la nación el derecho de resistir y derrocar al tirano.

Sin embargo, no todas son alabanzas. Marat, audaz periodista desde su diario “El Amigo del Pueblo” y Robespierre, abogado, participante activo en el club de los jacobinos, hicieron notar que la “igualdad” y “libertad” proclamadas con carácter universal, no alcanza a todos mientras continúe la esclavitud en las colonias y existan hombres, mujeres y niños que sean propiedad de otros hombres en las plantaciones de las Antillas.

Por el momento se teme el efecto que podrá provocar la proclama, dado su explosivo contenido, ante la monarquía, así como la reacción que podrá ocasionar fuera de las fronteras de Francia. De “El Chasqui”.

 
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