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Parte II

Riesgo de desastre de flora y fauna en Bolivia

Antonio Treviño Paredes

Se celebró el Día del Medio Ambiente recordando la importancia de cuidar nuestro planeta ante la contaminación que realizamos destruyendo la vida.

Después del recordatorio seguimos en la rutina de contaminar en todos los sitios con presencia humana, dañando la atmósfera con gases y partículas, produciendo ruido descomunal con vehículos y maquinarias, destruyendo la calidad del agua, dañando el suelo y dando lugar así a que la producción agrícola resulte contaminada y los consumidores seamos damnificados en nuestros organismos al ingerir esos productos, pero también los otros seres vivos, -de la fauna y flora silvestre-, que son a su vez perjudicados por toda esa polución.

La flora y la fauna silvestres que sobrevivían en el altiplano y valles -en particular en las ciudades-, ya han desaparecido. Las mascotas tienen la Ley N°700 para la “Defensa de los Animales contra actos de crueldad y maltrato”. Pero los otros “animales” de la fauna silvestre no merecen ni la más mínima protección, y más bien pierden cada día los pocos sitios para su vida en las ciudades y el campo, reduciéndose su reproducción.

En algunas urbes se sustituye áreas verdes de parques y jardines, con decoraciones de figuras de animales y plantas a base de cerámicas y piedra, para fijar en las nuevas generaciones la idea de que esos seres de la fauna y flora silvestre ya son solo un recuerdo, sacrificando los beneficios de las funciones que cumple la vegetación en las ciudades contra la contaminación atmosférica, y el suelo orgánico para las aves e insectos que cada día luchan para sobrevivir pese a la insensatez humana.

Obras faraónicas en las ciudades destruyen áreas verdes, que costó mucho en tiempo y dinero su imprescindible implementación. Las áreas verdes dañadas no se reponen a su condición original y más bien se reducen en tamaño, o desaparecen. Esas consecuencias también tienen efectos devastadores en la imprescindible vegetación y en la vida de la fauna silvestre, que va desapareciendo sin percatarnos por su pequeño tamaño que llega a dimensiones microscópicas.

Las nuevas generaciones no reciben la educación necesaria para cuidar el medio ambiente. Niñas y niños participan en reforestaciones que después se olvida, dejándolas en agonía ante la glacial indiferencia de autoridades y ciudadanos.

En los zoológicos de Bolivia no se ve el sufrimiento que todos esos animales padecen en soledad y en ambientes totalmente ajenos al entorno natural de su lugar de vida. Asimismo, resulta increíble que se organice avistamientos de aves en las ciudades, sin preocuparse de cómo viven y qué necesitan esos animales para sobrevivir en entornos agresivos como las urbes.

Parece superfluo hablar de la contaminación de los ríos que cruzan ciudades. Millones de litros de aguas residuales de domicilios e industrias se descarga en los ríos. La calidad del agua se daña permanentemente y luego, en su flujo hacia las zonas bajas, arrastran contaminación que deteriora zonas de cultivos agrícolas y bosques y es parte del alimento de la fauna piscícola y la fauna terrestre, dañando sus organismos de manera irreparable. Asimismo, la basura de los sitios poblados por seres humanos es otro descontrol que se agrega a los permanentes problemas que aniquilan a la fauna y la flora que aún viven en las zonas urbanas y periurbanas.

Las universidades, varias con Carreras dedicadas a temas ambientales, son formadoras académicas de profesionales teóricos en los asuntos ambientales, sin la debida preocupación por aplicar sus teorías en la vida real. Ni siquiera en esas Casas de Estudios Superiores se lleva a la práctica medidas ambientales en sus actividades, y que sean parte de las herramientas para sus futuros egresados en la lucha contra la contaminación y el cambio climático.

Contra toda lógica, y en contraposición a la Ley de la Madre Tierra de nuestro país, son perseguidos y condenados los valientes indígenas que luchan incesantemente defendiendo la naturaleza en sus sitios de vida. Se proscribe y castiga a cualquier organización que manifiesta su preocupación por las consecuencias de los problemas ambientales o la protección de los imprescindibles Parques Nacionales y Áreas Protegidas.

El inolvidable Vestí Pacos, que tanto amor tuvo por la biodiversidad, seguramente desde el paraíso ve con tristeza que sus esfuerzos para preservar la flora y la fauna de Bolivia hayan sido en vano.

Por lo que está pasando en nuestros bosques, y la desaparición de los escasos animales y plantas nativas que heredamos de nuestros antepasados, un dron sustituirá el cóndor de los Andes de nuestro escudo nacional.

Reaccionemos para salvar nuestra riqueza biológica y no dejemos que la Madre Tierra sufra el efecto mortal de la codicia y estupidez humana, en todo el país. Urge evitar el riesgo de desastre que a pasos agigantados se está dando para la flora y la fauna en Bolivia.

El autor es docente universitario.

 
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Usurpado el 7 de octubre de 1970, por defender
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Reinició sus ediciones el primero de septiembre de 1971.

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