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Trump y el drama de los inmigrantes

Hernán Maldonado

The Miami Herald les ha recordado estos días a los estadounidenses, y los que no lo son, que la drástica política contra la inmigración ilegal en Estados Unidos no es un asunto nuevo y que se remonta, por lo menos, a 1882, cuando se prohibió el ingreso de más chinos, porque ya habían construido el ferrocarril de costa a costa en el país.

El problema es que ahora se lo amplifica en los cuatro puntos cardinales (hasta el papa Francisco pide la reunificación familiar de los inmigrantes ilegales) porque el presidente Donald Trump lo ha puesto sobre el mapa de una manera grosera, cuando prometió construir un muro de miles de kilómetros para impedir la entrada de mexicanos “violadores, pandilleros y drogadictos” o cuando etiqueta a algunos “países de mierda”.

Todos los países tienen políticas estrictas sobre inmigración y los extranjeros indocumentados o que permanecen ilegalmente son deportados administrativamente. En Estados Unidos no ocurre esto y absolutamente todos tienen derecho a ser oídos por un juez de inmigración. Mientras se produce el proceso, los hijos no pueden permanecer presos junto con sus padres y son recluidos en albergues regados principalmente en estados sureños.

Parece inhumano, pero sería mucho peor que a los niños se los dejara en las calles, sin amparo alguno. El abogado Andrew Free reveló al Herald que en 2015 abogó ante el presidente Barack Obama por los niños recluidos en un centro de Texas y el mandatario ni se inmutó. Durante su gobierno, el presidente demócrata expulsó a 2.5 millones de mexicanos por lo que abogados de inmigración lo llamaban “el deportador en Jefe”. ¿Alguien protestó?

Otro presidente demócrata, Jimmy Carter, parecía muy generoso cuando en su gobierno se produjo el éxodo del Mariel y 125.000 cubanos llegaron a Florida, pero por debajo de la mesa persiguió, enjuició y sentenció a decenas de quienes prestaron o alquilaron sus embarcaciones para favorecer a los fugitivos.

Durante la Gran Depresión, bajo los gobiernos del republicano Herbert Hoover y del demócrata Franklin D. Roosevelt, más de un millón de hispanos fueron expulsados vía México, muchos de los cuales habían nacido en Estados Unidos y no conocían otro país. “Muchos padres fueron sacados de sus casas mientras sus hijos gritaban”, recuerda el historiador de Colorado College, Douglas Monroy, en el Herald.

Otro demócrata, Bill Clinton, no tuvo empacho en enviar a vivir en carpas, por largos meses, en la base estadounidense de Guantánamo a miles de haitianos y cubanos que eran recogidos en el mar o estaban viviendo ilegalmente en Estados Unidos. ¿Se ocupó de ellos el Papa o la prensa internacional?

El gran problema de Trump, entonces, no está en que implementa políticas nuevas, sino en la forma en que lo dice y hace y que es propalado dentro su país y en el mundo entero por la prensa, que lo tiene entre ceja y ceja, como jamás ocurrió con alguno de sus predecesores. Y es que el actual inquilino de la Casa Blanca tiene una propensión enorme para pelear con los medios. Parece que no entiende el viejo refrán (Que también existe en inglés): Piedra y palabra suelta, no tienen vuelta.

El autor es periodista. Ex UPI, EFE, dpa, CNN, El Nuevo Herald. Por 43 años fue corresponsal de ANF de Bolivia.

 
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