[Floren Sanabria]

La demanda de soberanía marítima


Los ex presidentes chilenos Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet siempre han esquivado con habilidad diplomática el caso marítimo boliviano y Sebastián Piñera hace lo mismo. Es que Chile actúa con base en una estrategia geopolítica.

Los ex mandatarios bolivianos, desde aquellos militares osados y arribistas hasta civiles democráticos, desde 1946 a la fecha, con alguna excepción, no obstante sus tibios empeños no lograron convencer a Chile para que acabe nuestro enclaustramiento. Muchas cosas fueron prometidas en reuniones cumbre de Jefes de Estado y otras de alto nivel. La Cancillería, los viceministros, los cónsules en Chile declaraban: “hacemos grandes avances”, “estamos yendo a la definición de las líneas del mecanismo de trabajo”, “estamos a punto de abrir la puerta de la negociación”, etc., pero nada logramos en concreto.

El Gobierno da muestras de no tener una estrategia de política exterior razonable y seria. La diplomacia marítima es ingenua, ineficiente. La improvisación da paso a la creación de otro ente burocrático, la Dirección Estratégica de Reivindicación Marítima (DIREMAR).

Hemos asistido a reuniones de la ONU y OEA, pero salimos con las manos vacías, sin conseguir ni apoyo en aquellas asambleas, debido a pobres exposiciones y planteamientos. El rechazo chileno es un revés a la diplomacia boliviana. A Chile lo que más le conviene es la exportación de sus productos. El comercio de capitales de La Moneda ha invadido el país, y ante ello debe prevalecer el decoro: los exportadores bolivianos deberían usar puertos del Perú, así los puertos de Arica, Iquique y Antofagasta quedarían afectados y la mercadería boliviana cambiaría de rumbo.

El ex presidente Carlos Mesa en 2005, con criterio altruista, frenó en seco el Tratado de Libre Comercio (TLC) que estaba listo para su firma entre Gonzalo Sánchez de Lozada y Ricardo Lagos. Si Mesa “puso la lápida a las negociaciones para un libre comercio con Chile”, lo hizo pensando en el país. Por ello el pueblo boliviano lamenta que el actual Gobierno boliviano haya hecho resucitar esa actividad para que aumenten las enormes ganancias del país trasandino, nuestro cancerbero.

Por otra parte, es necesario dejar establecido que el presidente Piñera, y el que venga, carece de atribuciones para darnos una salida al mar y un puerto soberano para nuestra vinculación con el resto del mundo. Efectivamente, desde hace lustros el tema marítimo sólo puede ser tratado en Chile por sus Fuerzas Armadas. De ellos depende toda negociación, concesión o arreglo. Es decir que el problema del reconocimiento al derecho de Bolivia a tener una salida al mar con soberanía, es cosa de la cúpula castrense y de nadie más. Así quedó establecido después del fracasado “acuerdo de Charaña” entre los presidentes Hugo Banzer y Augusto Pinochet y de otros “diálogos de sordos” sobre nuestra causa, aunque con empeño para impulsar relaciones comerciales de la agenda bilateral, que es lo que más interesa y aprovecha el Mapocho.

Por tanto, ninguna autoridad, ningún poder en Santiago, aunque estemos en democracia, podrá dar solución a nuestro centenario reclamo legítimo, que no sea el Ejército chileno que está armado hasta los dientes. El ministro de Defensa del vecino país advirtió “que las FFAA tienen capacidad para hacer respetar los tratados internacionales vigentes”. Por esta posición, resulta inútil y lamentable pérdida de tiempo el tratar con el Ejecutivo o Legislativo araucano este caso y otros, como el desvío del río Lauca, el pago de la deuda histórica de 104 años de usufructo de las aguas del Silala, desviadas con canalizaciones artificiales.

EL DIARIO, Decano de la Prensa Nacional, vigilante de la nacionalidad, en mayo de 1996 fue el primer medio de comunicación del país que denunció sin tapujos el desvío ilegal y la usurpación de esos recursos hídricos.

Chile antes de 1879 se encontraba en la pobreza. El impuesto de 10 centavos por cada quintal de salitre fue el pretexto para la invasión militar de CONQUISTA TERRITORIAL a Bolivia, usurpándonos 120.000 Kms2 de superficie y 400 Km. de costa sobre el océano Pacífico, con grandes riquezas de guano, salitre, aguas, yacimientos de cobre y otros minerales. Mejillones, emporio de riquezas, sacó a los chilenos de la miseria.

Que conste que actualmente nuestros ferrocarriles están en manos chilenas. Bolivia no cedió soberanía de sus territorios a Chile. La soberanía marítima boliviana es intangible.

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