[Juan León]

Menudencias

Los principios, estúpido


En el 92, James Carville, estratega de la campaña electoral de Bill Clinton, acuñó la frase: “la economía, estúpido”, que lapidó la derrota de George Busch padre en la elección presidencial norteamericana. Con esas tres palabras graficó la importancia de ver el bosque, en lugar de limitarse a ver el árbol. La frase se convirtió en el slogan que modificó la relación de fuerzas imposible de suponer entonces.

La rescato ahora a ver si, el parafrasearla, sirve para entender lo que nos está ocurriendo en Bolivia, a propósito de la crucifixión reciente, por las redes sociales, a “Grillo” Villegas a propósito de una opinión que se atrevió a expresar públicamente a propósito del festival Viña del Mar 2015. No tengo el honor de conocer al músico ni es de mi competencia la crítica de este tipo. Pero concuerdo plenamente con la opinión que expresó públicamente, en pleno ejercicio de su libertad. Según Villegas, la canción “La Mejicana” que representó a Chile en Viña del Mar es mucho mejor que la que representó a Bolivia.

A ver, comparemos un poco. Su letra dice “Tu amor como una serpiente, tañendo los cascabeles, mil veces cambió las pieles, bebió el agua de mi fuente secando mi alma serena. Camino bajo la lluvia abriendo huella a mi paso para encontrar el abrazo, después de tanta penumbra remontaré del ocaso”. La de la canción que nos representó dice “Morena ven a bailar. Ven a gozar el caporal de mi tierra. Mueve tus caderas se llevan mis penas. Mueve tus caderas se llevan mis penas. Ven a bailar. Ven a gozar”.

A mi gusto, la primera tiene un mensaje más profundo y mayor riqueza gráfica que la segunda. Por supuesto, es cuestión de gustos, como todo en la vida. No en vano la sabiduría popular dice que en materia de gustos y colores no hay nada escrito. Dependen de la subjetividad de cada persona y esa es, afortunadamente, la riqueza primordial del ser humano que justifica su derecho a pensar y a opinar según su buen sabor y entender. La comunicación depende, por eso, del emisor y del receptor del mensaje.

Lo malo es que en estos tiempos de totalitarismo creciente, la estrategia “envolvente” pretende obligar a todos a pensar de la misma manera en función de los intereses y objetivos de los gobernantes de turno. Por eso se pretende acallar al que piensa y opina de manera diferente. En ese afán, se coopta y se divide o pretende dividir a las organizaciones sindicales, sociales y gremiales. Lo ocurrido con la Central Obrera Boliviana, la Confederación de Campesinos, los colegios profesionales y, hay que decirlo también, las que agrupan a periodistas y medios de comunicación, son ejemplo.

El problema es que la idiosincrasia humana se presta a ello. Las ansias de poder económico o de placer inmediato en función de intereses personales o de grupo aparejadas a los objetivos de gobierno a perpetuidad juegan juntas. Y ahí está lo que ocurre con la entrega de recursos estatales a discreción, para ganar adeptos, y el creciente “peso” de levanta manos, tira sacos y “llunk’us”. El Fondo Indígena por ejemplo, o los que se pretende crear y distribuir a título de justicia social. La prebenda proselitista y su consecuencia de traiciones y deslealtades políticas.

El facilismo del “no me sirve para nada” para destruir, dividir o tomar instituciones es tan deleznable como el suponer que las instituciones están hechas sólo para ganar indulgencias o satisfacer intereses coyunturales. La historia enseña que mientras más sólidas son las instituciones, más fuertes serán, siempre, los cimientos que soportan a las naciones. Las instituciones y sus principios y valores son perennes. No sirven para proteger errores o defender personas, sino para preservar el bien común en función del interés común. Los intereses personales, de secta o de grupo son siempre circunstanciales. Por eso dice “La Caraqueña” que nunca un mal duró cien años, ni cuerpo que lo resista.

El tema de fondo es que nunca la mala yerba, por mucho que se diga “nunca muere”, echará raíces más fuertes que las del árbol que cobija del sol y de las tormentas. La historia enseña que así lo entendieron los grandes líderes, en todos los tiempos y en todas partes. La praxis política muestra la diferencia entre la herencia que dejaron Stalin, Hussein, Mugabe, por ejemplo, y la que dejaron Nelson Mandela, Mahatma Gandhi y Martin Luter King. Si se quiere más cerca en el tiempo y el espacio, las de Stroessner, Pinochet y la que está construyendo Nicolás Maduro en Venezuela con la de Salvador Allende, que ofrendó su vida sin hipotecar con la prebenda sus ideales, o la reciente lección de dignidad y coherencia política que nos deja José, “el pepe”, Mujica en Uruguay.

Tal vez por eso el libertador Simón Bolívar dijo, en el final de sus tiempos, que creía haber arado en el mar. Para el estúpido y corto de entendederas, simplemente porque el tema trascendente es la defensa de derechos, principios y valores que hacen posible la convivencia civilizada. Nada más, ni nada menos.

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Valeska Bothe, Dorothe Goecke, Valery Tejeda, Guillermo Iraola y Nicolás Iraola.