Cochabamba

Autotransporte y ladrilleras son fuentes de contaminación



TRABAJO DE UN HORNO PRECARIO PARA FABRICACIÓN DE LADRILLOS.

Cochabamba.- El transporte público y las fábricas de ladrillos son las dos principales fuentes de contaminación atmosférica de la ciudad.

En el primer caso, los choferes hacen caso omiso a la Ley del Medio Ambiente 1333 y a la Ley del Transporte 165, respecto a la preservación del aire limpio y la precaución ante posibles daños a la salud de la población, cuya principal prohibición es el uso para el servicio público de unidades con más de 20 años de antigüedad.

En el caso de las ladrilleras, según publicación de Los Tiempos digital, se revela que existen 75 empresas, de las cuales, sólo una funciona de manera legal.

Ambos rubros se niegan a ser fiscalizados y no bajan las emisiones de gases como hollín, monóxido de carbono y otras sustancias a pesar de la cercanía del invierno que agrava la polución.

LADRILLERAS

Según informe de la jefa del Departamento de Gestión Atmosférica de la Alcaldía, publicado en Los Tiempos, los productores de ladrillos de la zona Sur se resisten a trasladarse y a cambiar la tecnología de producción a otras menos contaminantes, como el horno a tiro invertido y el horno Hoffman.

Alrededor de 74 ladrilleras en Cerro Blanco, en el sur, funcionan con hornos y tecnología precaria que hace que la combustión de ladrillo produzca niveles elevados de monóxido de carbono, señaló el responsable de la Red de Monitoreo de la Calidad del Aire de la Alcaldía, Alaín Terán,

Explicó que en una medición que se hizo demostró que el sector supera las 2.500 a 3.000 partículas por millón (ppm), cuando, según el Reglamento Ambiental del Sector Industrial Manufacturero (Rasim), los límites permisibles son de 100 ppm.

ENFRENTAMIENTO

La Alcaldía intentó, con apoyo de la policía, clausurar las ladrilleras, pero se encontró con la resistencia del sector que bloqueó y apedreó a los funcionarios.

La representante del sector, Martha Amalia, dijo que si bien la Alcaldía solicita su traslado, no coadyuva en la búsqueda de un nuevo lugar. “Cambiar de horno cuesta más de 30.000 bolivianos, todas las familias de aquí trabajamos en esto”, dijo.

Jaimes señaló que al ser una actividad privada, cada fábrica tiene que buscar la solución. Sin embargo, un informe de la Contraloría General señala que los gobiernos municipales deben gestionar áreas industriales.

Añadió que para este año es poco probable una pausa ecológica con las ladrilleras. Las bajas temperaturas de invierno producen inversión térmica en el ambiente y la contaminación aumenta.

 
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