[Carlos Ergueta]

Las dos caras de la carretera a los Yungas


Cuando se viaja por los caminos de los Yungas paceños se siente felicidad y profunda gratitud al Supremo creador de una naturaleza sin comparación. Salimos de la ciudad de La Paz por el norte de Miraflores, Villa Fátima, pasando por la pequeña terminal de Minasa y llegamos al control de Tránsito de Uru Hara. Ascendiendo por una excelente carretera podemos observar a la derecha el embalse de agua que nos provee el líquido elemento. Más arriba está la cumbre y una cadena de medianas montañas que ocasionalmente ostentan níveos picos, cuyas límpidas aguas van formando hermosos riachuelos y cascadas...

Iniciamos el descenso por la serpenteante carretera del flanco norte de la quebrada para llegar a Pongo, donde están los criaderos de truchas de gran calidad, al frente vemos formaciones rocosas imponentes cubiertas de paja brava y de la grietas se van deslizando aguas cristalinas en forma de cascadas que echan su caudal al río Unduavi. En ciertos lugares de la carretera observamos que la tecnología humana ha cortado duras rocas para abrir los caminos del progreso y encontramos el primer túnel construido antes y que hoy tiene serias deficiencias, por filtraciones de agua, no hay iluminación ni señalización y la carpeta de asfalto está seriamente deteriorada.

Proseguimos el viaje por curvas y contra curvas llegando a Unduavi, pequeño poblado con buenos restaurantes donde se pueden degustar los típicos platos de trucha, chairo, sajta de pollo, thimpu y otros, y seguimos hasta la bifurcación del camino entre Nor y Sur Yungas. Nosotros nos dirigimos hacia Nor Yungas y arribamos a Cotapata, luego de diez minutos encontramos el desvío que es el antiguo camino vía Sacramento, camino de tierra y ripio, ahora muy poco transitado a pesar de sus encantadores paisajes y el inolvidable “velo de la novia”.

Ingresamos al túnel de San Rafael raudamente, mucho más largo, muy bien iluminado, con señalización precisa, con espacios para estacionamientos de emergencia, teléfonos habilitados, hasta una estrecha acera de circulación peatonal. Al salir divisamos un exuberante bosque espeso con árboles elevados, donde viven animales silvestres (osos o jucumaris, pumas, venados, conejos y gatos del monte y aves exóticas).

Luego de avanzar por largas laderas descendemos por puentes construidos sobre sólidos pilares; seguimos bajando y divisamos la ciudad intermedia de Coroico en las faldas del Uchumachi, con un encantador paisaje; el ambiente se oxigena mucho más y el corazón late pausadamente.

Por fin llegamos al primer puente de Santa Elenita, luego atravesamos el segundo puente más largo y alto, una obra maestra de ingeniería moderna; nos detenemos en la tranca de Yolosita y seguimos por la carretera asfaltada para llegar a Santa Bárbara, donde vemos la playa ancha del río Coroico o el comienzo del río Yara, flanqueado por hermosos bosques de un verdor esmeralda permanente.

En el trayecto vemos muchos riachuelos y cascadas de singular belleza y la construcción del ensanche de la carretera hacia Caranavi, a cargo de la empresa ARBOL que avanza regularmente y observamos la circulación intensa de la maquinaria pesada y un equipo de ingenieros, técnicos y obreros que trabajan afanosamente. Cerca de Challa se construye un nuevo túnel con tecnología moderna. Este camino es parte de la carretera interoceánica que pasará por Brasil, Bolivia y Perú; hasta aquí la cara “simpática” de este viaje.

Ahora veamos la cara “sucia” de esta hermosa vía. La circulación de vehículos es intensa, con motorizados livianos, medianos, pesados y todavía existen sectores con riesgo de deslizamientos, derrumbes y otras contingencias. Aquí aparecen los “auto- taxis” con diferentes nombres, conducidos por jóvenes osados e inexpertos que no temen a la muerte, y lo peor, llevan hasta siete pasajeros, a 120 Km. por hora, zigzagueando a vehículos particulares, obligándolos a tomar el borde de la carretera, pudiendo terminar en el fondo de los precipicios, con pérdidas humanas. Cuando suben a La Paz, obligan a entrar a las cunetas, ocasionando accidentes fatales.

Para estos mal llamados conductores no existen normas de tránsito, en el día tocan sus bocinas con intensidad y pasan velozmente rozando a los vehículos regulares y en la noche les encandilan de frente con su faroles de luz alta. Hacen caso omiso al cambio de luces, que para cruzar deben poner en luz baja. Cuando hay “trancaderas” de motorizados que hacen cola pacientemente esperando el arreglo de los caminos, estos “auto taxis” no respetan el orden, se adelantan, se cruzan sin temor, so pretexto de estar retrasados para llegar a destino, como si los otros motorizados no estuvieran urgidos de seguir su viaje.

Cuando se les observa que pueden ocasionar accidentes, responden con palabras irreproducibles y creen que siempre tienen la razón. En esta situación caótica no existe la Policía Caminera ni otra autoridad que pueda prevenir o poner en orden a estos “chofercillos” que se creen pilotos. Denunciamos ante las autoridades los atropellos que a diario sufren los conductores particulares, con el riesgo de accidentes fatales.

El autor es abogado y ex docente universitario.

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