[Alberto Zuazo]

Punto aparte

Dos requerimientos en la CNS


El establecimiento de la seguridad social es uno de los mayores logros en Bolivia. Sin su existencia, buena parte de la población estaría expuesta a las enfermedades, sin posibilidades de conservar una buena salud e incluso la vida

misma.

Desde siempre, aunque al presente se agudizó mucho más, la atención médica privada y la disponibilidad de medicamentos sin costo, es casi inaccesible, debido a que los ingresos de los hogares siguen siendo reducidos, pese al mejoramiento de la economía nacional.

De ahí que la existencia de la seguridad social es como una bendición divina, porque permite realizar consultas médicas en todas las especialidades, para tratamientos específicos, operaciones quirúrgicas y, por último, para recibir los medicamentos sin gastar un solo centavo.

Es evidente que los empleados y trabajadores activos efectúan aportes porcentuales de sus sueldos y salarios, para contar con aquellos servicios de salud, pero es probable que no sean suficientes, en muchos casos. Ahí es donde la solidaridad se pone de manifiesto, sin que tenga nombres ni apellidos.

En general, los servicios que presta específicamente la CNS (Caja Nacional de Salud), que es la que cuenta con la mayor cantidad de afiliados, son positivos, pero podrían y deben ser mucho mejores aún. Todo depende de la buena administración de la institución.

Desde hace tiempo, en los servicios de la CNS se presentan dos requerimientos urgentes. El primero de ellos es de infraestructura, esto es de construir más hospitales y policlínicos. El segundo, dotar a lo que ahora se tiene con una mayor cantidad de profesionales y equipamiento especializado.

En la mayor parte de las ciudades capitales y, en particular en La Paz, los hospitales están colmados de pacientes, no están en condiciones de atender a todos los pacientes que necesitan internación, por disposición de los médicos, ante las exigencias de las enfermedades que adolecen.

Esta situación determina que se posterguen las internaciones. En ciertos casos puede que sean factibles, pero en la mayor parte de las veces son urgentes. Esto crea angustias humanas que son lacerantes, porque generan la inminencia de los fallecimientos.

En cuanto a las consultas médicas, se confronta en los hospitales y policlínicos de la CNS la falta de consultorios y consiguientemente una mayor cantidad de profesionales en todas las especialidades médicas. Frente a estas carencias, los pacientes tienen que formar filas desde las madrugadas, en cualquiera de las estaciones del año, para recibir la atención médica que requieren y, seguidamente, realizar esperas de muchas horas para acceder a los consultorios.

La exigencia se torna dramática cuando los médicos internistas disponen que se reciba una o más atenciones especializadas. Por la falta del equipamiento necesario, no es posible recibir pronta atención. Al confrontar estas limitaciones, los profesionales especialistas se ven obligados a efectuar programaciones que, en diversidad de casos, se las fija para algunas semanas de espera, pero en gran parte de las oportunidades, ocurre algo más grave. Las programaciones con plazos llegan hasta los tres meses.

Esto se experimenta en las ecografías, tomografías, las operaciones quirúrgicas e incluso en las aplicaciones de fisioterapia. Es obvio que si el profesional internista dispone que los pacientes reciban atenciones especializadas, éstas tienen que ser poco menos que inmediatas, porque generalmente son casos de urgencia y hasta de suma gravedad.

Estas falencias en los servicios de la CNS no son atribuibles a los profesionales, sino a la falta de una buena administración de la entidad. Se sabe que dispone de recursos financieros para resolver los problemas de infraestructura, pero se demora años de años para disponer su ejecución.

Desde hace algún tiempo, se efectúa una prolífica publicidad sobre su reorganización, pero se trata de una cuestión básicamente administrativa. Si se trata de esto, es cuestión de adoptar las medidas internas requeridas, sin incurrir en gastos publicitarios superfluos. La urgencia que tiene la CNS es de dotar a sus servicios de más infraestructura y equipamiento. El resto es totalmente intrascendente.

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