Misterio y existencia

Textos BBC Mundo, Londres


El siete es un número mágico, como por ejemplo se presenta en las siete maravillas del mundo antiguo, que fueron representadas por el artista holandés del siglo XVI Maarten van Heemskerck.
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El siete (7) es el número natural y en algunas religiones es un número sagrado. Hay que ponerse a pensar en todas las ocasiones donde este número ocupa un lugar preponderante, como es el caso de los días de la semana: lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado, domingo. Pero también en las notas musicales: Do, re, mi, fa, sol, la, si o los colores rojo, naranja, amarillo, verde, cian, celeste o turquesa, azul, violeta, los siete colores del arcoíris. Podríamos seguir.

Si bien es cierto que la razón de ser de los números desde su principio y hasta el final es práctica –contar ovejas o tomates-, también revelan patrones abstractos, y eso hizo que se volvieran objetos de profunda contemplación.

Cada número es significativo por sus propias razones, a veces asignadas, otras comprobadas: el 1, por ejemplo, es el más popular de todos como primer dígito (en un conjunto de datos alrededor del 30% de las cifras empiezan con 1 y el 5 en Medio Oriente repele el mal.

Por qué el 1 es el número más popular y por él te pueden atrapar. ¿Sabes que el 1 y el 2 no son del mismo género y que los números tienen personalidades?

Por ejemplo, las siete maravillas del mundo antiguo, representadas por el artista holandés del siglo XVI Maarten van Heemskerck. Sin embargo, cuando se trata de ser especial, el 7 merece un lugar privilegiado.

EL DIGITO

Antes de hablar de los días de la semana, exploremos el número de ellos que hay. Al parecer, el 7 es el dígito favorito. Para su libro “Alex a través del espejo”, Alex Bellos lo quiso comprobar así que hizo un experimento lanzando por las redes la pregunta “¿Cuál es tu número favorito?”, y recibió decenas de miles de respuestas de todas partes del mundo.

Aunque le llegaron votos para todos los números del 1 al 100 y 472 votos para los números del 1 al 1.000, el predilecto sin lugar a dudas fue el 7.

En BBC Mundo quisimos comprobarlo. En un experimento muy poco científico, mandamos un email a los periodistas que estaban trabajando un día determinado, para tratar de confrontar tal afirmación.

Recibimos la respuesta de las 16 personas y 7 de ellas escogieron el 7, mucho más que otros dígitos, que como máximo lograron 3 seguidores.

Es un poco irregular; no se puede dividir en dos números enteros y no se doblega a las reglas sin dar su lucha”. Respuesta de una mujer cuando le preguntaron por qué el 7 era su número favorito.

“Cuando elegimos nuestro número favorito, es probable que nos decantemos por un número impar, pues nos parecen más interesantes”, le dijo Bellos a BBC Mundo.

“Los pares son más cómodos 2, 4, 6, 8…, mientras que 3, 6, 9, eehh… ¿18? Nos hacen pensar un poco más. Y el 7 es más peligroso pues es la tabla de multiplicar más difícil”.

“De hecho, una de las pruebas de demencia o para personas que salen del estado de coma, es pedirles que partiendo de 100, empiecen a restar de 7 en 7, hasta llegar a 0”, cuenta. “Lo hacen porque es mucho más difícil. 5 es fácil. Incluso si lo hicieran con 6 y 8, los números se repiten mucho más que con el 7, así que no sería igual de complicado”. ¡Difícil hasta si uno está en sus cabales!

Lo curioso, señala Bellos, es que incluso gente que dice odiar las matemáticas o que le parece imposible la tabla del 7, lo escoge como número favorito. Pero no sólo es un número que gusta, sino que además tiene una larga historia de ser el elegido.

“A lo largo de la historia, de entre todos los números, el 7 es en el que se ha depositado más simbolismo cultural, místico y religioso”, apunta el autor.

Los 7 mares (que han sido reales e imaginados a lo largo de los siglos y a través de las culturas), las 7 edades del hombre de Shakespeare, los siete metales de la Alquimia…

También son siete los metales de la alquimia que son: el oro, con símbolo del Sol; la plata con el símbolo de la Luna; el cobre con el símbolo de Venus; el hierro con el símbolo de Marte; el estaño con el símbolo de Júpiter; mercurio y el plomo con los símbolos de Mercurio y Saturno.

LO MÍSTICO

“Para mí, la razón de que le hayamos conferido más cualidades místicas gira en torno a su unicidad numérica”, declara Bellos.

Lo que ha pasado, explica, es que de alguna manera percibimos su singularidad entre los dígitos que puedes contar con tus... dígitos. “El 7 es único entre los primeros diez números porque es el único que no puede ser multiplicado o dividido dentro del grupo”.

Si multiplicas por 2 el 1, 2, 3, 4 o 5, el resultado es menos o igual a 10, o sea que multiplicados por uno del grupo, no se salen de él. Los números 6, 8 y 10 pueden ser divididos por 2, y el 9, por 3”, y siguen interactuando sólo en su grupo de 10. Entretanto que el 7 es el único que no produce ni es producido. Es por eso que se siente especial... ¡porque lo es!”, exclama Bellos. Tiene fama de ser el número de la suerte.

Todos los días los hemos contado. La salida y puesta del Sol son eventos demasiado imponentes para que los pasáramos por alto, más aún cuando no sabíamos iluminar las noches.

La naturaleza los separaba y los humanos los marcábamos así fuera con muescas en un palo. «Nuestros primeros calendarios estaban vinculados a los fenómenos astronómicos, como la Luna Nueva, de manera que el número de días en cada calendario variaba. Si se regían por la Luna, por ejemplo, los ciclos duraban 29 o 30 días, y así», comenta Bellos.

«En el primer milenio a.C. los judíos introdujeron un nuevo sistema: decretaron que el Sabbat sería cada séptimo día ad infinitum, independientemente de las posiciones de los planetas».

A diferencia de otras culturas, en hebreo los días de la semana no tienen nombres de dioses, festivales, elementos o planetas, sino números, con la excepción del sábado, Yom Shabbat (יום שבת) o día Sabbat.

De esa manera, explica, nos emanciparon de las leyes de la naturaleza, poniendo la regularidad numérica en el centro de la práctica religiosa y la organización social. «La semana de 7 días se convirtió en la tradición calendárica ininterrumpida más antigua de la historia».

Algunos días, en algunos lugares: Domenica o «nuestro Señor» es como se dice domingo en italiano, en referencia cristiana a Jesús; HétfÅ‘ es «cabeza de la semana» en húngaro; Kayōbi en japonés es martes, y su nombre viene del elemento fuego, una de las siete luminarias que están asociadas a los siete cuerpos celestes, en este caso Marte; Di-Ardaoin en gallego escocés es jueves y no está asociado con los dioses paganos sino con los ayunos cristianos. Significa: “el día entre dos ayunos”; Wan Suk en tailandés es viernes y viene de la palabra Shukra que en sánscrito es el nombre del planeta Venus; y Yaum as-sabt en árabe es el fin de semana; Sabt significa descanso.

LOS DÍAS

El 7 ya era el número más místico cuando los judíos declararon que a Dios le tomó seis días hacer el mundo y el séptimo, descansó.

Otros pueblos más antiguos también habían usado períodos de siete días en sus calendarios, pero nunca repetidos eternamente.

«La explicación más comúnmente aceptada del predominio del 7 en el contexto religioso es que los antiguos veían siete planetas en el cielo: el Sol, la Luna, Venus, Mercurio, Marte, Júpiter y Saturno», señala Bellos.

BABILONIOS

Los Babilonios fueron uno de esos pueblos que asociaron el número 7 con los cuerpos celestes. Por ello, algunos creen, se volvió importante marcar el séptimo día con rituales. La semana de siete días atada a los astros fue adoptada hasta en el Lejano Oriente. Pero puede haber otras explicaciones para su importancia simbólica. ¿Cuántos eran los pecados capitales?

Una de ellas es que los egipcios usaban la cabeza humana para representar el 7, porque hay siete orificios en ella: los oídos, los ojos, los de la nariz y la boca.

La psicología provee otra: «Seis días podría ser el período óptimo de tiempo que puedes trabajar sin descansar». «Además, siete puede ser el número más apropiado para nuestra memoria, es decir, el número de cosas que la persona promedio puede mantener en su mente simultáneamente es siete, más o menos 2».

Y hay algo más que hace al 7 especial, según le dijo a BBC Mundo Bellos, y lo ilustró con un ejemplo algo peculiar.

«Piensa en los siete enanitos de Blanca Nieves... ¿por qué no seis? Serían suficientes -ni muchos ni pocos- pero se podrían separar 3 vs 3, o dividir en grupos de dos. Si son siete, los tienes que tomar como un grupo». «Para mí, eso hace que el 7 sea poderoso: hace que todos sean iguales».

DATOS

- El siete es un número muy recurrente en la cultura. Son siete los días de la semana, siete los colores del arco iris y siete los pecados capitales. El origen de esta popularidad está en la observación del cielo por los antiguos astrónomos. La inmensa mayoría de las estrellas no cambiaban de posición las unas respecto a las otras durante el año. Sin embargo, observaron siete cuerpos celestes que sí lo hacían. El Sol y la Luna, los dos primeros, evidentemente formaban parte de ellos. Los otros cinco eran los planetas que pueden verse a simple vista, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, y que los pueblos antiguos consideraban estrellas móviles.

- Estos siete astros (bautizados en honor a dioses romanos) les dieron a los días de la semana sus nombres en muchos idiomas: lunes (Luna), martes (Marte), miércoles (Mercurio), jueves (Júpiter, Jove) y viernes (Venus). En español, «sábado» procede del nombre la fiesta hebrea «Sabbat» y «domingo» de la palabra latina «Dominus» ‘el Señor’ (dominÄ­cus [dies], [día] del Señor).1 No obstante, en idiomas como por ejemplo el inglés, se mantienen los nombres originales de estos dos días: Saturday de Saturn (Saturno) y Sunday de «Sun» ‘el Sol’.

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