La austeridad impediría los déficits fiscales


 

Los déficits fiscales, conjuntamente la deuda externa, la deuda interna y los déficits comerciales son cargas muy pesadas para el Estado que el gobierno podría alivianar tan sólo actuando con políticas de austeridad en los gastos que, en los últimos diez años, han subido excesivamente.

Hoy se confronta el hecho de que nuestras exportaciones han bajado debido a los precios internacionales del gas, los minerales y materias primas que exportamos; si a ello se añade el hecho de que la producción en el país ha disminuido bastante, los problemas adquieren mucha agudeza.

Hay que convenir, además, que la falta de inversiones extranjeras e internas es otro factor que incide grandemente en la crisis económica. El hecho de que el gobierno tenga que acudir a las reservas internacionales para cubrir sus gastos o, peor, adquirir nuevas obligaciones con préstamos en organismos internacionales y bilaterales, deja al país en grave situación, que podría ocasionar serios perjuicios a nuestra economía.

Sin analizar mucho y tan solo tomando en cuenta a la burocracia en el sector público, que aumentó en los últimos años en forma excesiva, se llega a la conclusión de que los gastos gubernamentales son altos, porque no es posible entender que se necesite tanto empleado para trabajos o labores que antes de diez años tan sólo lo hacía un 10 o 15% de la planilla súper aumentada que hoy se tiene.

Hay gastos que el gobierno podría evitar, como la construcción de obras faraónicas que el país no necesita; viajes que se hace sin objetivo práctico alguno; financiar reuniones internacionales a costa del peculio del país u organizar reuniones que impliquen fuertes gastos y no sea por razones efectivamente urgentes y necesarias para el país son algunos de los rubros que incrementan los déficits fiscales que, de todos modos, hay que pagarlos porque las cifras no son para el papel que registra cantidades fabulosas y que, más temprano que tarde, hay que honrar.

El gobierno, si quiere y se propone firmemente, podría evitar gastos onerosos; podría ahorrar mucho dinero si no ingresara en compromisos difíciles de cumplir; si no tuviese tanto compromiso de tipo internacional que implica atención de deudas y, en casos, hasta pagos que demandan los juicios que ha perdido el Estado y que de todos modos hay que cancelar, en fin, lo que se hace en niveles de todas las reparticiones públicas y muy especialmente en el Ejecutivo y el Poder Legislativo, sobrepasa cualquier cálculo en las consecuencias que puedan generar.

Es preciso entender que somos un país pobre y subdesarrollado y que no debemos darnos “lujos” que ni los países ricos se dan. Es urgente vivir realidades con la crisis y solamente entender que es preciso hacerle frente tan solo con políticas de ahorro, conductas austeras que eviten el dispendio, promoción de más producción y mayores exportaciones debidas a la mayor productividad y, finalmente, dar seriedad y seguridad a la atracción de capitales de inversión.

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