[Raúl Pino-Ichazo]

Dicción ¿cómo dominar el nerviosismo?


Loa humanos, incluidos los oradores, suelen padecer de la actividad que irrumpe de los nervios. Muchos deportistas atletas tosen y jadean antes de empezar una carrera y también en otras disciplinas. Los oradores aun siendo experimentados tiemblan y se entumecen en los momentos previos a una importante intervención pública; de igual forma se comprueba que algunos líderes políticos de prestigio internacional palidecen antes de una conferencia de prensa, por lo que cualquier ciudadano que habla en público puede unirse al club…

La tensión nerviosa es una necesidad para cualquier persona que actué en los ámbitos de la comunicación y la cátedra. Gracias a la tensión nerviosa se genera la secreción de adrenalina, entendida como una asombrosa e inestimable sustancia hormonal secretada por las glándulas suprarrenales y que despierta y tonifica por igual las funciones de la mente y el cuerpo.

Este proceso biológico explica claramente el hecho de que las actuaciones en público tengan un mejor resultado cuando el orador se ha sentido nervioso previamente y la técnica es acoger estos estados de ansiedad con expectación y comprensión, pues si se los domina y canaliza debidamente se transformarán en aliados del orador. Empero, ¿cómo podemos controlar el nerviosismo?, primero se debe comprender que una vez que se haya empezado a hablar, los nervios desaparecerán por sí mismos, así el corredor puede sentirse enfermo y hasta vomitar durante los ejercicios de precalentamiento, pero nunca cuando se encuentra en la posición de salida esperando el pistoletazo.

El orador público puede temblar antes de empezar a hablar, pero cuando emite sus primeras palabras y comienza a oír su propia voz, sus cuerdas vocales se templarán y su inquietud desaparece. Por ello todo orador debe recordar que sus sentimientos son internos y que el auditorio no tiene por qué conocerlos, a menos que el orador sea lo suficientemente inexperto como para revelarlos: nunca se debe decir frases como “soy un saco de nervios”, y siempre el orador debe mirar al público cara a cara, pues la ausencia de contacto visual es la única señal evidente del nerviosismo del orador.

Se debe evitar cualquier forma de movimiento o tic nervioso que pueda delatar el estado de ánimo del orador y se puede seguir con una retahíla de consejos muy valiosos, como: no ponerse la mano delante de la boca, no meter las manos en los bolsillos ni sacudir la monedas que se tenga, evitar mover su carpeta de apuntes, no atusarse el pelo ni hurgarse los oídos, menos introducir un dedo en la nariz, no abrocharse no desabrocharse los botones de la chaqueta.

Se recuerda que una guapa oradora, dominada por los nervios y que no seguía estos consejos, involuntariamente, mientras hablaba, comenzó a desabrocharse su blusa provocando una situación entremezclada de erotismo y embarazo en el público.

Como corolario se debe afirmar que el alcohol y las drogas son considerados como el último recurso para conseguir el control de los nervios. La seguridad en uno mismo se alcanza con preparación, práctica y constante entrenamiento.

El autor es abogado, docente universitario, doctor Honoris Causa, escritor.

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