[Álvaro Zuazo]

Políticamente incorrecto

¿Por qué no un tercer referéndum?


El Gobierno quiere cargarse no solamente a la Constitución sino a dos referendums en su afán de lograr una nueva reelección. Porque la negativa a tal pretensión ha sido dictaminada, además del 21F -de forma contundente-, por la consulta de 2009 que aprobó la actual Carta Magna, y que ha sido ya burlada una vez por una “maniobra envolvente” promovida desde el propio Ejecutivo.

Ahora, el MAS viene con el cuento, nada menos, de que los derechos humanos del presidente Evo Morales están siendo violados por la actual Constitución.

Cabe preguntarse si el mandatario no cometió una deslealtad con todos los ciudadanos bolivianos al jurar cumplir y hacer cumplir una Constitución que viola los derechos humanos, habida cuenta de que esa violación los afectaría a todos por igual.

Bajo el mismo criterio, cualquier otro presidente del pasado podría aducir igual argumento y pedir una reparación al Estado. Más aún si se considera que la anterior Constitución no permitía una primera reelección consecutiva. Es decir, era más violatoria de los derechos humanos que ésta.

La verdad es que toda esa argumentación es una patraña que no esconde, por más que se quiera interpretar lo contrario, el desesperado afán reeleccionista del presidente. Algunos masistas lo dicen en privado con claridad: “Vamos a hacer todo para lograr la reelección y lo vamos a lograr. Si el actual Tribunal Constitucional rechaza el planteamiento de inconstitucionalidad, buscaremos otros mecanismos, incluida la renuncia previa”.

En realidad, se quiere convertir, como ha dicho la expresidenta del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) Silvia Salame, a esa instancia en órgano de control de la propia Constitución, cuando su tarea no es la que le pide en los hechos el MAS, reformar la Constitución, sino limitarse a velar porque todo el resto del ordenamiento jurídico se ajuste a ella. Es decir ejercer el control de constitucionalidad de leyes, decretos, etc. Nunca de la propia Constitución.

El MAS quiere hacer creer que el voto por sí sólo y por lo que fuera es democracia, pero esto es falso. La democracia es el cumplimiento de la Ley y la Ley, en este caso la Constitución, establece diáfanamente los requisitos que deben cumplirse para la elección y la reelección de las autoridades.

Este mecanismo, ante un intento anterior del MAS de cambiarlo -que entonces no hablaba de derechos humanos-, ha sido ratificado plenamente por el 21F. Pero ya en enero de 2009 votó para que él, como el resto del texto constitucional, tenga plena vigencia en el referéndum que lo consagró como nuestra actual Carta Magna. O sea que en los hechos, si la Constitución fuera modificada, no interpretada, por el TCP lo que estaría haciendo es burlarse de dos referendums que, a la sazón son, por jerarquía, el principal sistema de participación democrática en la deliberación de asuntos públicos.

Aunque se han mencionado ya, es necesario también añadir otros elementos que hacen tanto o más visible la profunda contradicción que entraña el ardid masista. Puestos a considerar los derechos de Evo Morales desde su óptica, por qué no se lo hace con otros tantos casos en lo que se estarían cometiendo efectivamente violaciones a los derechos humanos. Por ejemplo, ¿por qué la edad mínima para ser presidente tiene que ser los 30 años? ¿Por qué no pueden ser los 18? ¿Por qué no puede ser elegido presidente un extranjero nacionalizado?

Es más, habida cuenta de que para el MAS la democracia es simplemente votar, y no el cumplimiento de la Ley, ¿por qué no votamos por la reducción de impuestos? Y también debería considerarse si no viola los derechos humanos, entendidos como lo hace el MAS, que unos bolivianos puedan ingresar a trabajar en el Estado y otros no. ¿Por qué no todos?

Ante las obvias presiones del MAS para modificar de este modo la Constitución, cabe una última pregunta. ¿No deberíamos, los ciudadanos, sumar las firmas necesarias para ir a un tercer referéndum que impida definitivamente una nueva reelección de Morales?

 
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