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La clase media emergente


 

Altas esferas de gobierno han tenido que aceptar que el movimiento social registrado en últimos días constituyó una verdadera “asonada”, pero no perdieron la oportunidad de agraviar a la clase media emergente, protagonista a nivel nacional en protesta contra el espíritu del contenido antidemocrático del Código del sistema penal promulgado por el Presidente interino, Álvaro García Linera.

El Vicepresidente criticó ásperamente a la clase media nacional, acusándola de “decadente” debido a que participó en forma masiva en las enérgicas marchas callejeras que pusieron al gobierno en el filo de la navaja y que éste capeó con mucha dificultad, aunque solo parcialmente. Esa definición corresponde a un punto de vista falso y es natural en el nivel oficialista al tratar de salvar un régimen que cierra su ciclo vital y lamenta sus últimos “kiries”.

Dicho funcionario de Estado no solo lanzó injustas críticas a la clase media, sino que la agravió, debido a que el concepto “decadente” no es aplicable a la calidad y rol protagónico que siempre caracterizó a este importante sector social, tanto a nivel histórico como en el contexto general que vive el país en la actualidad. Se debe tomar en cuenta, además, que una crítica de esa naturaleza se suma a las represiones de diverso tipo a que este sector social fue sometido en últimos tiempos, el mismo que, por otra parte, registró algún crecimiento por obra del progreso que registró el país, no como resultado de la palabra milagrosa de algún demiurgo providencial, sino, exclusivamente, como efecto de la extraordinaria subida de los precios de las materias primas en el mercado internacional e inclusive por la vigencia de la Carta constitucional que alienta su existencia, así como por numerosas casualidades que precisamente contribuyeron no solo a fortalecer a esta clase media, sino a aumentar su cantidad, que entidades internacionales reconocieron en forma estadística.

Se puede afirmar que el movimiento de la clase media es parte de un incontenible proceso progresista democrático, en vigorosa etapa de emergencia, en pos de conquistar una democracia más amplia posible. No se debe olvidar que ese proceso (democrático no solo en sentido económico sino político), es resultado de políticas que se aplica en el país desde mediados del siglo pasado y cuyo desarrollo es ahora inevitable e ineluctable, por más oposición que se levante en su contra, predicando un “socialismo del Siglo XXI”, el anticapitalismo y otras proclamas populistas, enarboladas por ideólogos venidos a menos y buscan hacer retroceder la historia.

La clase media boliviana es un sector social en plena emergencia. Se manifiesta en las calles en apoyo y en alianza con la clase democrática más avanzada del país, formada en su conjunto por profesionales de todas las ramas, transportistas, gremiales, campesinos y, en especial, la clase obrera encabezada por la COB (también víctima de injurias), clases que, quiérase o no, se oponen de hecho y de derecho al régimen errático vigente. De ahí que por su posición progresista a favor de la democracia, la clase media emergente, víctima de ese ex abrupto, debe ser objeto de desagravio por parte de sus autores.

 
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