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[Manfredo Kempff]

Aún estamos a tiempo


Los jerarcas gubernamentales que asesoran a S.E. no pueden equivocarse con lo que está sucediendo en el país. No pueden seguir diciéndole al jefe del Estado que los acontecimientos de los últimos días responden a pasajeras incitaciones desestabilizadoras de la derecha, porque de esa manera le están mintiendo. Además de que S.E. tampoco necesita desesperadamente del consejo de sus colaboradores porque viaja más que ellos, hurga y pregunta, y como es observador e intuitivo sabe que está con su popularidad por los suelos, y, lo que es irreversible, todos en Bolivia afirman abiertamente que le miente al pueblo. Si se ha labrado fama de mentiroso está perdido, ya que lo que ofrezca o diga quedará siempre en duda.

Si S.E. no rectifica su última gran mentira que fue la de respetar el resultado del referéndum del 21-F y si no desiste de su intolerable cuarta candidatura, la situación política se le pondrá más brava cada día que pasa, subirá el malestar de la gente, y cada vez habrá más multitudes que se plieguen a marchas y paros, ya no reclamando por el nuevo Código Penal, sino, como hemos visto, exigiendo que deje evolucionar en paz el proceso democrático, que no dañe al sistema electoral proclamándose candidato por todas partes cuando ya se le ha dicho que “no”, y que dé paso a los masistas que se van a enfrentar a la oposición en diciembre del próximo año.

Comprendemos que el MAS no tiene muchos líderes de quienes echar mano. Los muy íntimos de S.E. están demasiado “quemados” y los del Conalcam, Bartolinas, y otros movimientos sociales son de una ignorancia que aterra. S.E. es un dechado de sabiduría al lado de los pachamamistas que lo siguen por todas partes vitoreándolo y obedeciéndole a pie juntillas. Pero, además, esa gente que no está en la primera línea, que no es conocida, ya se pringó con los dineros del Fondo Indígena o con otro tipo de negocios de similar factura. Si en la oposición existen pocos personajes que convencen como candidatos, en el MAS no hay ninguno. Aparte de que el Vicepresidente no podría terciar por acatamiento al 21-F, y porque, además, se ha convertido en un guerrista que disfruta amenazando a veces con un holocausto callejero y otras enternece con dudosos y patológicos arrebatos paternales. S.E. se ha ganado fama de embustero y el Vice de histérico e ilusorio combatiente contra nadie.

Antes de que las circunstancias lo lleven a dictar un estado de sitio que siempre es costoso en vidas y dinero, S.E. debería anunciar el retiro de su postulación a la presidencia, respetando la voluntad popular. Eso desarmaría todo el revuelo existente, que, reiteramos, no es cosa de códigos sino de constitucionalidad. Y recuperaría algo de la credibilidad que ha perdido. Sabemos que el poder es maravilloso porque así lo dijo uno de los presidentes que supo ejercerlo, pero ese mismo mandatario quiso tenerlo para siempre y lo sacaron del Palacio en un santiamén.

Aún está a tiempo S.E. para salir del Gobierno con alguna popularidad, fruto de sus acciones con que favoreció a un sector frágil de la población. Si no lo hace ahora, por voluntad propia, lo hará dentro de unos meses, sometido a la violencia. O llegará a diciembre del 2019, malherido y desplumado como un gallo de riña en fuga, y ya no servirá para otros lances políticos.

 
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