México recuerda a sus muertos con mezcla de tradiciones



Los altares, caracterizados en la mayoría de los casos por sus vistosos colores, se completan con incienso de copal, así como con bebidas dulces a base de maíz fermentado.

El legado prehispánico de los pueblos mesoamericanos y la tradición católica confluyen en México en el Día de Muertos, una festividad de culto a los difuntos, cuyos rituales constituyen auténticos testimonios vivos de esta fusión cultural.

“Los orígenes de la celebración del Día de Muertos en México son anteriores a la llegada de los españoles (...), pero se fusionan con la tradición medieval católica”, explicó en entrevista con Efe Andrés Merina, miembro del Instituto de Investigación Antropológica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Originarios de la región centro sureste de México y la zona norte de Centroamérica, los pueblos mesoamericanos se caracterizan por tener formas “muy elaboradas de espiritualidad”, vinculadas a la cosecha y vertebradas en torno a un ciclo de cuatro celebraciones que culmina con la “fiesta de la cosecha” o “fiesta de los muertos”.

“Los muertos juegan un papel muy importante en todo el ciclo agrícola, se les solicita apoyo en los momentos críticos, en las lluvias, para el cultivo del maíz (...). Ellos son los intermediarios con los dioses de la lluvia.”, indicó Merina.

Las festividades eran presididas por la diosa Mictecacíhuatl, conocida como la “Dama de la Muerte” (actualmente relacionada con “la Catrina”, personaje del pintor José Guadalupe Posada) y esposa de Mictlantecuhtli, señor de la tierra de los muertos.

Con la llegada de los españoles, la tradición de la cosecha se fusionó con las costumbres medievales católicas, y aparecieron modificaciones en la elaboración de las ofrendas y los altares, los mismos que actualmente albergan los restos de esta fusión cultural.

“Las ofrendas son grandes expresiones artísticas, simbólicas, que tienen un orden en la manera en la que se representan y es ahí donde aparece esa tradición y esa conjunción de culturas”, declaró.

El legado hispánico o católico se ve, por ejemplo, en el pan de muerto, elaborado con harina de trigo, huevo, azúcar y anís; en las frutas o flores colocadas en los altares que no son originarias de la región, y en la utilización de velas o términos cristianos como “ánimas” para referirse a los difuntos que regresan.

 
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