[Severo Cruz]

Una situación que no cambia


Estamos en la situación de siempre con Chile. Esta afirmación se funda en el hecho de que éste reitera, de manera permanente y sistemática, sus circunloquios de carácter diplomático, a fin de no debatir el tema del encierro geográfico boliviano, de manera abierta o reservada.

En este contexto sostuvo, como se recordará, que el tema marítimo concernía solamente a Bolivia y Chile, tratando de minimizar el respaldo internacional que se manifestaba a favor del país. Ha objetado la competencia de la Corte Internacional de Justicia en esta cuestión. Ha desestimado la posibilidad de que el Papa sea garante para dar fin al centenario enclaustramiento boliviano. Y ha planteado, asimismo, el restablecimiento de relaciones diplomáticas sin condiciones. Y cuando subraya sin condiciones, querrá decir que el tema marítimo ¿aún está en la congeladora? ¿O no se lo debería mencionar? ¿O es un asunto contaminante para futuras acciones diplomáticas?

Así aumentan las señales dilatorias, evasivas y de falacia, asumidas por el poder oligárquico chileno, por la absurda creencia de que sus conquistas, hechas mediante la fuerza, son intocables e irrevisables.

En este marco, el anterior mandatario de Chile, Sebastián Piñera, afirmó que defenderá “con mucha fuerza y convicción su territorio, su mar y su soberanía” (EL DIARIO, 2 de abril de 2013).

Y la falta de confianza le ha llevado, inclusive, a sembrar artefactos explosivos en regiones fronterizas con Bolivia. Tal actitud fue asumida con fines de provocación e intimidación por el poder oligárquico chileno.

Sobre esta estrategia de hostigamiento, Chile pretende restablecer las relaciones diplomáticas bilaterales y el diálogo que consulte los intereses de ambos países.

Aquella actitud, signo de incomprensión e intolerancia, ratifica que el vecino, en cualquier momento, es capaz de descargar su artillería pesada en contra de los países a los que considera sus adversarios.

La desactivación de dichos artefactos explosivos, plantados durante una dictadura militar, avanzó sólo en un 25%, hasta el 2013, conforme denunció, en fecha 9 de octubre de 2013, el entonces ministro de Defensa, Rubén Saavedra.

“Eso preocupa (al Gobierno) porque pone en riesgo la vida de los bolivianos”, acotó la autoridad.

El Papa Francisco en ningún momento ha sugerido, en su visita a Bolivia, el restablecimiento de relaciones diplomáticas boliviano – chilenas, sino alentó la idea de promover el diálogo, que represente el acercamiento de los dos países en conflicto, a fin de allanar el camino para dar solución al centenario problema.

Pero quien fue canciller chileno, Alfredo Moreno, hablando sobre el diálogo, se anticipó, en fecha 27 de diciembre de 2013, a decir: “No vamos a negociar con nadie si la soberanía chilena está amenazada, y no tenemos conversaciones abiertas con nadie, incluyendo Bolivia, respecto a algún tema que involucre la soberanía de nuestro país”. He ahí la política de Estado que ha manejado Chile en todos los tiempos. ¿Ahora habría cambiado de criterio? Creemos que no.

En suma: Bolivia, con una demanda planteada en La Haya o la vitrina de la justicia internacional, no tiene necesidad ni apuro para acelerar el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Chile, sino dar tiempo al tiempo.

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