Fracasa estatización del agua


 

El hecho de que en forma súbita y con conocimiento de causa casi dos millones de personas hubiesen quedado sin provisión de agua, servicio que estaba a cargo de una entidad del Gobierno central, demuestra en forma objetiva el fracaso de la estatización del recurso imprescindible para el ser humano. Este hecho, por demás lamentable, bien merece una investigación especial que llegue a las causas mismas que originaron este estado de cosas.

Desde hace más de 50 años, la población paceña tenía asegurada la provisión de agua, ya que las autoridades de entonces habían previsto dificultades climáticas, aumento de la población, problemas técnicos, etc. Esa situación se debió a que las autoridades previeron problemas a largo y corto plazo y, por tanto, se apresuraron a tomar las medidas del caso construyendo represas y servicios especializados para atender a la ciudadanía, cada vez más necesitada del recurso, en casos necesarios.

En particular, se consideró, por entonces, que el agua era una riqueza natural que no tiene valor y pertenecía a la Nación o sea a todo el pueblo y que solo debía ser administrada tanto por organismos estatales como particulares. El hecho de que se procediese en ese sentido originó que el agua adquiera precio y sirva para mantener en buen estado los servicios técnicos. Esa forma de administración del agua dio resultados positivos, sin que se hubiesen presentado problemas como la escasez o la carencia absoluta del líquido.

Sin embargo, cuando esa administración estaba en pleno desarrollo efectivo y abasteciendo con normalidad a los usuarios y pese a que se presentaron sequías eventuales, el Gobierno procedió a estatizar el agua, vale decir pasar la propiedad de este recurso de manos de la Nación a manos del Estado. Esa nueva administración estatal, no obstante los antecedentes climáticos, no tomó en cuenta ninguno de los factores para garantizar el funcionamiento de la nueva administración y se dejó llevar por la ineficiencia y hasta irresponsabilidad, al extremo de llegar a la actual situación.

De haberse escuchado las previsiones anunciadas por la prensa a raíz de la sequía, no se hubiese tenido que lamentar la crisis del agua, que es peor que la crisis de alimentos, como la que sufre actualmente el pueblo venezolano. En vez de que el Gobierno haga anuncios por miles de millones para construir represas que no tienen relación con el abastecimiento de agua a las ciudades, si hubiese atendido el estado de las lagunas de acopio, en este momento no estaría provocando el malestar general en que se encuentra.

Finalmente, se puede concluir que la sequía es posible que recién esté empezando y durará tal vez mucho tiempo, por lo cual sería de esperar que el Estado, dejando de lado la posibilidad de que lleguen las lluvias, adopte las medidas del caso, como es su responsabilidad inmediata.

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