[Alberto Zuazo]

Punto aparte

Seguridad pública en La Paz


La carencia de una efectiva y permanente seguridad en La Paz quedó al desnudo con la indefensión en que se encuentra el Barrio del Periodista en La Paz, con el asalto que sufrió en su propia casa, en medio de total indefensión, el eximio periodista y escritor Mario Ríos Gastelú el martes último, por parte de un delincuente que aparte del robo amenazaba matarlo, cuando lo tenía maniatado de las manos.

El caso es más sorprendente porque se produjo a plena luz del día, cuando eran las 14:30 horas, en un lugar tan céntrico como es dicho barrio, pues se halla ubicado en el centro neurálgico de Obrajes. Es el enlace de unión entre esta zona y Calacoto, por tanto de intenso movimiento vehicular y de peatones.

A pesar de ello, el delincuente tuvo la posibilidad incluso de escalar el muro de altura que rodea a la casa de Ríos, precisamente cuando transita por el lugar gente del mismo barrio, pero que además, está conectada con la avenida Mecapaca. Más todavía, atravesando esta importante vía, bajan y suben los pobladores del barrio de Bella Vista, en unos casos después de haber descendido del centro de la ciudad de La Paz en transporte público y, en otros, de personas que pasan por el lugar para llegar a la acera de la avenida Roma y de ahí tomar también este mismo servicio, ya sea para subir al centro o para dirigirse al resto de la Zona Sur.

Todo el vecindario del indicado barrio quedó profundamente afectado, porque se probó fehacientemente que carece de la indispensable seguridad pública que debe ofrecer la Policía Nacional. Asimismo, uno y otro vecino coincidieron en sostener que jamás han visto, por lo menos a un policía, que cumpla la labor de vigilancia y seguridad en ese barrio.

En suma, dijeron, “No se ve por la avenida y menos por la calle Andrés Barragán, a policía alguno”. La casa de Ríos está situada en la primera esquina a la bajada del barrio, o sea de la indica vía, por tanto es el lugar más céntrico que tiene el barrio.

Ríos es un eminente ciudadano público de la tercera edad, puesto que es muy reconocida su actividad periodística y cultural, en 1992 se le concedió el Premio Nacional de Periodismo y en 1994 el Premio Nacional de Cultura.

A esta distinguida personalidad se la asaltó en su propia casa, por un delincuente del que dijo que por su acento podía percibir que era de nacionalidad colombiana. Malhechores de ese apreciado país se han trasladado al país, tanto para dedicarse a la producción y tráfico de cocaína, como para cometer delitos comunes.

Si se ve la altura a la que llega el muro que circunda la casa de Ríos, causa enorme sorpresa que hubiera podido sobreponerlo y nada menos que, seguramente, a la vista de la numerosa gente que transita por el sitio en que se encuentra.

Además, el sujeto pudo ingresar a la casa cuando tenía la puerta cerrada, de manera que su súbita presencia causó sorpresa mayúscula al colega y amigo de antigua data. De inmediato, desató su violencia contra él, empezando por arrancar el cable de un calentador de agua y atarlo con él de las manos, y luego someterlo a actos de violencia para que le diga dónde tenía dinero y joyas, bajo la amenaza de matarlo, una y otra vez, con el cuchillo que tenía.

Al no recibir lo que exigía, se puso a revolver todos los muebles y enseres de la casa en procura de cumplir sus objetivos. De alguna manera, en ese escenario de violencia, hubo la rotura de un vidrio, por lo que el asaltante supuso que podía recibir un disparo de arma de fuego y se dio a la fuga.

Ríos, a pesar de encontrarse maltrecho, logró hacer llamadas telefónicas a dos organismos policiales y no tuvo respuesta. Posteriormente, ante nuevas llamadas, se hizo presente en la casa personal policial y se dedicó a tomar fotos del desorden que dejó el asaltante.

Empero, no tendría que reducirse a ello, es imperativo que realice las investigaciones pertinentes hasta dar con el asaltante, pues no le deben faltar informaciones sobre la actividad delictiva que existe en La Paz.

La cuestión inquietante que queda por anotar es que si los delincuentes actúan así en una zona, a plena luz del día, es porque simple y llanamente no hay el resguardo de seguridad que debe prestar la institución policial.

Es de esperar que el caso ocurrido le conmueva y vea la necesidad de asumir su mayor función, que es la de otorgar seguridad a la población paceña. Si continúa el abandono actual, existe la posibilidad de que los delincuentes encuentren que pueden operar con plena libertad en cualquier barrio e incluso volver a hacerlo en el barrio del periodista.

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