¿Y ahora qué hará la OEA en Venezuela?

Iván Camarlinghi

Las expectativas en la Reunión de Cancilleres de la OEA sobre la crisis de Venezuela eran muy altas. Sin embargo, como todos conocen, la reunión se suspendió sin ningún consenso sobre alguna declaración o resolución del organismo interamericano, a pesar de las contundentes intervenciones de los Cancilleres de Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Panamá, Uruguay, Estados Unidos, México y Canadá.

Los límites de la OEA a una “intervención” en asuntos internos de un país miembro son, valga la redundancia, muy limitados. A pesar de que las disposiciones de la Carta de la OEA, la Carta Democrática Interamericana y la Convención Interamericana de DDHH son muy claras en cuanto a defender el Estado de Derecho, los derechos humanos y las libertades fundamentales, la principal limitante jurídica es que ninguno de los documentos establece qué se debe hacer en caso de que tales disposiciones no sean cumplidas por un gobierno.

Desde el punto de vista del Derecho Internacional y de los 3 documentos legales señalados, jurídicamente la OEA está supeditada a la decisión de sus organismos, incluidos el Consejo Permanente, la Reunión de Cancilleres y la Asamblea General.

En la práctica, podemos ver que al menos en 4 oportunidades anteriores, la OEA tuvo que aplicar sus disposiciones a países miembros: 1) La expulsión de Cuba en 1962 por constantes denuncias de violación a los DDHH, el Estado de Derecho y las libertades democráticas. 2) La expulsión de Nicaragua en 1979 cuando la dictadura de Anastasio Somoza se mantuvo “a sangre y fuego” frente a la rebelión de los sandinistas. 3) El golpe de Estado de abril de 2002 contra el presidente Hugo Chávez en la que la OEA suspendió a Venezuela del organismo hasta que Chávez regresó al poder. 4) El derrocamiento del presidente Manuel Zelaya en Honduras, defenestrado del poder en su país por militares que una madrugada de 2009 sacaron al ex presidente de su cama para montarlo en un avión y expulsarlo del poder dejándolo en Costa Rica, por intentar ilegalmente su reelección.

La OEA en los 2 últimos casos aplicó la Carta Democrática y suspendió la membresía de ambos países, apoyados en ese caso extrañamente por Venezuela que pidió a gritos la aplicación de la Carta y ahora rechaza su vigencia. Es decir que para los chavistas la Carta sirve para cuando favorece a sus intereses y no sirve y es injerencia cuando se la trata de aplicar ante gravísimas violaciones a las normas interamericanas y al derecho humanitario, como las que ocurren actualmente en ese país en el que todos los días se reprime indiscriminadamente a las protestas anti Maduro con el doloroso saldo de muertos, heridos y detenidos.

Vistos estos antecedentes, ahora que no hubo consenso en el accionar de la OEA frente a la crisis, ¿Qué queda? Maduro y sus cada vez menos chavistas han dicho que ha sido una gran victoria impedir que la OEA se pronuncie sobre la crisis, la oposición señala que se trata de una victoria porque muestra la preocupación de una mayoría de los países americanos en la dramática crisis del país, los que muestran su interés y solidaridad por solucionar la grave crisis.

La Asamblea General de la OEA a realizarse este mes en Cancún debería retomar el análisis. Ante ello, solo hay dos escenarios: 1) Que la mayoría relativa de los países anti Maduro aprueben una resolución indicando los caminos para resolver la crisis (llamar a elecciones generales, liberar a los presos políticos, respetar la independencia de los poderes públicos y habilitar una canal humanitario de alimentos y medicinas) y 2) Que se apruebe una resolución propiciada por CARICOM que llame al diálogo entre las partes en conflicto sin mayores posibilidades de influir en las decisiones de Miraflores y nuevamente ganando tiempo sin resolver nada.

Es rescatable que los 2 proyectos de resolución de la reunión de cancilleres hayan coincidido en pedir que no se acepte la espuria Asamblea Constituyente Comunal que pretende llevar adelante Maduro con el más puro estilo soviético o cubano. Pero para Maduro es la única forma de salir del torbellino en que se encuentra y buscar legitimidad donde ya no existe.

Vistas las cosas, si se produce el segundo escenario al bravo pueblo venezolano no le quedará otra alternativa que batallar contra el gobierno con sus propios métodos, ya que el apoyo internacional ya no podrá hacer nada más. Los factores de poder venezolanos tendrían la palabra y la resquebrajada unidad del chavismo y de las Fuerzas Armadas pueden llevar a una solución militar pero legítima desde el punto de vista de las fuerzas democráticas del noble pueblo venezolano que clama por justicia y libertad ante el mundo entero.

El autor es periodista y diplomático.

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