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Preocupa retardación de justicia y hacinamiento

• Monseñor Gualberti celebró la misa de Pascua con reos del penal de Palmasola


Misa de Pascua celebrada en la capilla instalada en Palmasola.

El arzobispo de la Arquidiócesis de Santa Cruz, monseñor Sergio Gualberti, celebró ayer la misa de Pascua en el PC- 2 y PC-4 del penal de Palmasola, que alberga a mujeres y hombres privados de libertad.

“Hubo mucha participación de los hermanos privados de libertad, expresaron su fe al Cristo resucitado. Hay un ambiente de serenidad, pero hace falta que el Señor los anime más con su amor para que superen esos difíciles momentos que han vivido”, señaló.

El religioso remarcó que durante la misa, los presos se quejaron por la retardación de justicia, el hacinamiento y el endurecimiento de los controles de seguridad luego tras la intervención policial que se realizó en ese centro penitenciario hace semanas atrás.

“El 70% de los privados de libertad no tiene sentencia, ese tema es como la madre de los problemas, el hacinamiento es otro porque Palmasola se creó para 800 personas y ahora hay más de 5.000, otra queja es que se han endurecido las normas de control”, indicó.

CRISTO HA RESUCITADO

“Cristo ha resucitado, no está aquí; el sepulcro está vacío”, exclamó ayer el Obispo Auxiliar de Santa Cruz, monseñor Estanislao Dowlaszewicsz, durante la misa de pascua para celebrar la resurrección de Cristo y pidió a los católicos buscar a él en la vida y no en la muerte.

Dijo que la resurrección es el comienzo de la nueva humanidad, de una nueva vida, es el culmen, es la puerta abierta a la eternidad y manifestación más plena en la resurrección de Jesús y toca ahora a todos los hombres dar testimonio de esa presencia viva de Dios entre nosotros.

El obispo sostuvo que la fe es un camino de búsqueda y “hay que buscar a Dios en la vida, no entre los muertos” y recordó que resucitar es meta y tarea de cada día, cumpliendo la voluntad de Dios y haciendo oración constante por los más débiles y amparados.

“Cuando pedimos perdón y le otorgamos a quienes nos han ofendido, es resucitar; ser diligentes comprometidos en nuestras responsabilidades de casados, de padres, de hijos y cumplir esas responsabilidades cada día dentro de nuestras familias, también son formas de resucitar. Cuando nos privamos de algún gusto, de una comodidad, de un tiempo libre para dedicamos a otros, es también el momento de resucitar; ser solidario y devolver las ganas de vivir a quien está hundido en la miseria, es el mayor signo de la resurrección”, reflexionó.

Indicó que a pesar de las drogas, el sida, de las guerras, de los atentados terroristas, de la crisis económica y también de la división interna en nuestro país, los bolivianos deberían confiar en Cristo porque él vive todos los días en el encuentro personal. (ANF/Erbol)

 
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