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[Armando Mariaca]

Tiempos del país y no de intereses creados


Transcurre el 13vo año de gobierno del señor Evo Morales y de su partido, tiempo en que han ocurrido infinidad de acontecimientos que, los unos, han satisfecho y complacido a una parte de la colectividad; otro, que ha significado indiferencia o contrariedad para muchos que esperaban actitudes más positivas, y, para otros, han implicado contrariedades y políticas ajenas a los intereses generales del país.

En el primer caso, quienes debían guardar respeto, gratitud y consideraciones con el Presidente, contrariaron muchos de sus anhelos y expectativas y acarrearon desprestigio a su gobierno; los otros, con el anhelo de conseguir muchos beneficios prácticamente han quedado frustrados y se sienten postergados de todo aquello que esperaban como premio al apoyo otorgado y a que se sienten apegados a las políticas de cambio anunciadas y que, en la práctica, no se llevaron a cabo.

El tercer caso, muy contrario a las expectativas de que el Presidente, dados los anuncios positivos que había anunciado y no se concretaron, salvo en beneficio de pocos que pertenecen a su entorno y a su partido. Personas concordantes con políticas contrarias a las del MAS, han encontrado que las actitudes asumidas por el régimen los han colocado en posición de ser totalmente contrarios con el agravante de que todos ellos, opositores, no han tenido la capacidad de actuar coherentemente y lo hicieron en forma dispersa y contraria a cualquier condición de unidad.

Los resultados de estas conductas las sobrelleva el país en su conjunto, especialmente porque no se hace gestión y menos se administró debidamente apegados a principios de entendimiento, unidad con la debida conciencia de país. De hecho, bien se puede sostener que ambas partes, gobierno y oposición, han tomado y seguido los caminos de los intereses y conveniencias que en pocos aspectos son de la nación porque así queda demostrado con el incremento de la pobreza, el manejo dispendioso de la economía, carencia de programas concretos de gobierno que permitan vislumbrar al pueblo realizaciones que sirvan para contrarestar a la pobreza. Todos los males se acrecentaron por el crecimiento del narcotráfico que ha colocado al país en bajos niveles en el concepto de la opinión pública internacional; por otra parte, la economía informal o ilegal ha aumentado gravemente y ha colocado a todo lo legal en situación de quiebra o disminución de posibilidades para conseguir que la nación sea confiable para las inversiones.

Todo muestra la falta de voluntad en las partes para obrar teniendo conciencia de país, porque ni el gobierno con sus aliados de partido y de la misma población; ni las llamadas “fuerzas” de oposición, parecería que han pensado en las urgencias nacionales que esperan remedios a los problemas que la afligen. Nuestro país está sumergido en esperanzas y creencias de que se despertarán virtudes, valores y principios; pero, todo ello -para ambos grupos- parecen “cosas del pasado” o “fantasías” porque ellos, ven los problemas como “medios de publicidad y propaganda que solamente ellos podrán remediar”. No hay, ni para el gobierno ni para los cuadros opositores, capacidad para el análisis y búsqueda de remedios; no existen tampoco virtudes que les permita ver y sentir que el país debería ser la razón de ser de ambos; que sea considerado como la patria o madre común a la cual deben honrar y servir sin limitación alguna. Estas son realidades que no caben en la mentalidad nada consciente de ambos que sólo estarían viendo y calculando cómo seguir en el poder los unos y cómo conseguirlo los otros.

Si se analiza consciente y responsablemente la situación, ambos, gobierno y oposición, podrían llegar a la fácil conclusión de que es preciso abandonar chauvinismos, complejos, narcicismos, odios y rencores que hasta ahora han ahondado los males, sinrazones negativas que han pospuesto al país y sus intereses; condiciones que muestran sólo ambiciones a satisfacer; pero, sin renunciamientos ni complejos, deponiendo antagonismos y abandonando los intereses y conveniencias de partido y personales o grupos que están a la espectativa de lo que “se podría aprovechar en bien personal”.

Cambiar conductas no puede ser difícil; sería cuestión de auto-despertar virtudes dormidas, valores postergados y principios antagonizados; sería cuestión de imitar lo que han hecho otros países que posiblemente tuvieron que superar los mismos escollos que hoy no dejan avanzar a las políticas bolivianas.

 
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