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[Hernán Zeballos]

Un amor histórico


Hace poco por casualidad me enteré de que Carlos Hugo Molina Saucedo, personaje importante en la vida política, social y cultural de Santa Cruz es, además un prolífico escritor, me dirigí a una librería para buscar sus obras y adquirí “Manuela, mi amable loca”, con cuya lectura he estado disfrutando varias horas en los últimos días.

Esta obra relata el extraordinario amor surgido entre el Libertador Simón Bolívar y una dama de Quito, Manuela Sáenz de Thorme, que era casada con un personaje de esa ciudad y a quien abandonó por nuestro héroe.

Este hecho, entre romántico e histórico, fue rescatado al haber tenido ambos un confidente, el abogado y sacerdote Joseph Miguel Justiniano, natural de Buena Vista, el cual obtuvo su título de abogado en la Universidad de San Francisco Xavier en junio de 1820.

Joseph Miguel conoció a Bolívar al haber sido el encargado de hacer llegar al Libertador el pedido de la ciudad de Charcas para que Bolívar y Sucre liberaran las provincias del Alto Perú del Virreinato del Perú.

En el encuentro que se tuvo para ese efecto nació el confidente, que sirvió para el intercambio epistolar entre Bolívar y Manuela, en ese amor intenso que duró varios años hasta la muerte del Libertador. Bolívar dictaba las cartas, que dirigía a Manuela, al sacerdote, quien a su vez las hacía llegar a la amada; al mismo tiempo éste guardaba las cartas que escribía Manuela. Bolívar encargó a Miguel un buen grupo de las cartas dirigidas entre los amantes para que las guardara y éste las llevó a Sucre, donde se las conservó, lo que se constituyó en la fuente del libro que publica Carlos Hugo Molina.

Como relata nuestro escritor: “Manuela y Bolívar sufrieron desencuentros, pero ella a pesar de su inteligencia y valor ganado, “su pecho y su mente vivieron para idolatrar a un solo hombre: Bolívar”.

Ya casi para finalizar esta breve síntesis, Manuela llegó a Sucre en los primeros días de diciembre de 1825, para acompañar al Libertador en su gloria. El 25 de enero de 1826, Miguel le pidió al Libertador (en el Desaguadero) librarlo de seguir acompañándolo. Le devolvió el archivo de cartas que conservaba, pero Bolívar las entregó para que él las cuide.

De retorno a Charcas, él acompañó a Manuela. Ella ayudaba al General Sucre en las labores de protocolo. A fines de julio de 1826 decidió ir al encuentro de Bolívar en Lima. Bolívar, solo, murió en el año 1830. A partir de eso, Miguel no supo más de Manuela.

A continuación transcribo párrafos cortos del intercambio epistolar entre los amantes.

“Libertador: Esta historia no ha dejado de sorprenderme desde que usted recibiera mi insinuación para gozar del baile. En todo caso, y a riesgo de confirmar sus sospechas en torno a la mentada solemnidad quiteña, me declaro halagada ante la sola idea de que usted me considere su amiga.

…. Tendría mucho más que contarle, mucho más… pero tal vez sea prudente guardar silencio hoy. Manuela”.

“Manuela: he tenido algunos contratiempos superados sin mayores angustias. A veces lo único que se necesita es la noche para reflexionar… Te mando una copia del manifiesto, acerca del que te hablé para tu lectura y opinión. Bolívar”.

“Simón: Van otras gotas de mi espíritu. Siendo el huésped ilustre que atisba mis ensueños, se gana el derecho ciudadano de acogerlos. … Libertador, usted inquieta mi ser. Creo que el destino me tenía guardado este momento para usted”.

“Simón: Qué duro puede ser. Considero muy serenamente que ha sido, cuando menos incomprensivo con mi modo de sentir y pensar… Por si alberga dudas, haberme encontrado con usted sigue siendo la ocurrencia más extraordinaria que me ha sucedido… No tiene obligación de contestarme. Manuela”.

“Manuelita: ¿Cómo llegar a conocer las circunstancias, las tuyas y las mías, en este descubrimiento, si de repente, das por acabado un diferendo inexistente? Respeto tus razones, pero tendrás que reconocer las mías que, ahora veo, fueron un reproche sin derecho… Me molesta la distancia que me impide besarte sin sosiego. Bolívar”.

“Simón, mi Libertador: ¿Se ha percatado de mi silencio? Me he dado un tiempo de serena distancia resistiéndome al envío de mensajes por los medios establecidos por V.E Suya mientras viva. Manuela”.

“Manuela: ¿Cómo voy a molestarme con lo que haces por mí, si además de provocar mis sentidos cada vez que te miro, en medio de tu sobriedad, te hago el amor irresponsablemente?... Un beso igual que el tuyo. Bolívar”.

Para muestra basta un botón. Si quieren seguir con este deleite, acudan a este bello libro.

 
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