[Ramiro H. Loza]

Tres anacrónicos despojos territoriales


El enclaustramiento de Bolivia

Si se habla de usurpaciones írritas que ultrajan la justicia internacional en un mundo de ideas cada vez más evolucionadas, increíblemente se nos ofrece a la vista tres casos anacrónicos que inducen a dudar de una cabal correspondencia entre los modernos postulados y el respeto a la integridad territorial y soberanía de algunas naciones. Hablamos del enclaustramiento marítimo de Bolivia, de la ocupación de las Malvinas y la similar del Peñón de Gibraltar. El poder de las armas perpetúa dichos despojos hasta nuestros días, no obstante la caducidad del derecho de conquista y que los organismos de la comunidad internacional y regional los condenan como arbitrarios e ilegítimos.

Desmarañando la madeja veamos algunos asombrosos antecedentes. Las riquezas de guano y salitre del Litoral boliviano (158.000 Km2) fueron ambicionadas por Chile desde la independencia. El desgobierno de Mariano Melgarejo cedió territorios y costa desde el grado 27 al 23, admitiendo inclusive una sui generis medianería en la explotación de recursos entre los grados 23 y 25 (Tratado de 1866). Entretanto Bolivia rechazó asqueada la propuesta de ceder todo su litoral a Chile, a cambio de territorios peruanos contiguos que su Ejército ocuparía para entregarle.

Depuesto el tristemente célebre Melgarejo, se firmaron los Tratados de 1874 y 1875 que dejaban algún desahogo pero creaban nuevos condicionamientos, de modo que una mínima tasa de 10 centavos por quintal de salitre exportado fue suficiente pretexto para desatar el asalto a Antofagasta y la guerra del Pacífico, cercenando a la postre la extensa costa boliviana. Pactada la tregua en 1884, sucedieron diversas tratativas diplomáticas alentadas por el justo deseo del pueblo boliviano de ver reparado el despojo y subsanadas sus necesidades de libre intercambio con ultramar. Por Tratado de 1895 Chile debía transferir Tacna y Arica a Bolivia, provisionalmente en su poder, si en cualquier forma las obtenía del Perú o en su defecto entregar la Caleta Vítor u otra análoga.

Incumpliendo estas promesas, dependientes de sus cálculos geopolíticos originados en su siempre escabrosa vecindad continental, retornó a la ofensiva ejerciendo diversas presiones que la historia registra y a punto de reiniciar acciones bélicas sólo suspendidas por la tregua de 1884, Bolivia, atada de manos, no tuvo otra alternativa que aceptar el ominoso Tratado de 20 de octubre de 1904, cediendo la integridad del departamento del Litoral, incluidos tres a cuatro puertos.

Siguieron afanosas gestiones diplomáticas consecutivamente desoídas, sin descartar maniobras polonizadoras del país en beneficio de sus vecinos. Alternando disimulos y ditirambos, sobrevinieron ofrecimientos de la Moneda en orden a lograr acuerdos directos. Estos alcanzaron concreción cuando el presidente Gabriel González Videla, escuchando sugerencias del presidente norteamericano Harry Trumann, cursó las notas de 1 y 20 de junio de 1950, a fin de “dar a Bolivia una salida propia y soberana al océano Pacífico” y “obtener compensaciones… que no tengan carácter territorial”. Es justo reconocer que interferencias de política interna impidieron avances en dicha oportunidad.

Después (1975) tuvo lugar el llamado “abrazo de Charaña” de los presidentes Augusto Pinochet y Hugo Banzer, acto del que emergió la oferta de una franja territorial soberana de salida al océano, pero supeditada a un canje territorial y a una consulta al Perú en vista del Protocolo bilateral de 1929, por el cual Lima debe dar su consentimiento sobre cesiones territoriales en Arica. Ambos factores determinaron el fracaso de la negociación, empero 1975 deja la evidencia de una deuda irredenta cuya solución es un imperativo de paz, equidad y justicia interamericana. Bolivia ha logrado importantes respaldos de la OEA, pero se hacen infranqueables ante la improductiva y secular posición del Mapocho de dialogar bilateralmente.

Las Islas Malvinas

Las islas Malvinas, geográficamente argentinas y legítima herencia desde tiempos coloniales, obran actualmente bajo dominio inglés habiendo mediado inclusive una guerra sangrienta por su posesión en 1982. En 1520, Esteban Gómez, integrante de la expedición española de Magallanes descubrió el archipiélago. Posteriormente John Strong las llamó islas Falkland. En 1765 tuvo lugar una ocupación inglesa, siendo desalojada por fuerzas españolas en 1770. Desde entonces y hasta la independencia en 1810 la Corona española designó a los gobernadores. En 1820 asentamientos humanos y ganadería atestiguaban tangible presencia argentina. El año 1825 Gran Bretaña reconoció la independencia argentina sin reclamación alguna de la Isla, pero en 1829 exigió derechos soberanos sobre ella adjudicándose su descubrimiento.

En 1833 decidió ocuparla mediante procedimientos militares y expulsar a las autoridades platenses. Desde entonces Buenos Aires desplegó intensa actividad diplomática para restituir sus derechos. A su vez, el 2 de abril de 1982 dio inicio a una corta guerra que finalizó dos meses después con el triunfo de las poderosas fuerzas británicas. El desafío argentino deja un ejemplo de dignidad y de lucha frente a los rezagos del colonialismo. Su demanda ha merecido diversas resoluciones de apoyo a nivel de la ONU.

El Peñón de Gibraltar

Libres de prejuicios abordamos la situación del Peñón de Gibraltar, puerta estratégica de ingreso al Mediterráneo, parte territorial de España anterior a la colonización romana y en tiempos islámicos y cristianos. En 1701 confrontaba una guerra civil por la sucesión de la Corona, ambicionada por el Archiduque Carlos de Austria y la casa de Borbón. En 1704 en plena contienda civil, un ejército anglo-holandés tomó la fortaleza y la ciudad de 5.000 habitantes, invocando apoyo a las pretensiones del Archiduque, empero el almirante inglés Rooke se hizo de la presa en nombre de la reina Ana de Inglaterra.

El Tratado de Utrecht formalizó la posesión, no sin explícitas reservas hispánicas. Inglaterra no tardó en declarar insólitamente colonia a Gibraltar en el propio continente del que forma parte, tácita advertencia al resto de Europa de sus apetencias ancladas en su poderío.

Sin embargo, en Londres la ecuanimidad y la prudencia no estuvieron ausentes. La Enciclopedia Británica de 1879 calificó el hecho como contrario al honor nacional y diversas personalidades británicas han reprochado la aventura, entre las que destaca Arnold J. Toynbee, insigne historiador. Resoluciones de la ONU de 1964 y 1965 declaran aplicables sus principios de descolonización a la situación de Gibraltar. La Declaración relativa al Tratado de Anexión a la Comunidad Europea recoge la misma posición irrenunciable.

En alguna de las tratativas recientes, Inglaterra propuso una co-soberanía que España rechazó, pero ello es poco si se tiene en cuenta que un rey anglo-británico incumplió su compromiso de disponer la devolución, pese a mediar un Tratado. Inglaterra se aferra aun al superado sistema colonial en las Malvinas y en el Peñón, pese a haberse deshecho de importantes enclaves como hace poco el de Hong Kong, mientras el planeta conoce significativos ejemplos como el de la restitución del Canal de Panamá, que no fue propiamente una colonia.

loza_ramiro@hotmail.com

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Usurpado el 7 de octubre de 1970, por defender
la libertad y la justicia.
Reinició sus ediciones el primero de septiembre de 1971.

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