[David Foronda]

En la Pérez no se para, no se sube ni se baja


El slogan que puso en boga la comuna local hace algún tiempo, sobre todo a través de radio y televisión, con el fin de evitar que los usuarios del transporte público utilicen las inmediaciones de la “Pérez Velasco” para abordar vehículos de transporte urbano, una vez que fue remodelada, ya quedó en el olvido.

Esa frase más parecía una especie de “muletilla” mediante la cual se trató de calar hasta los tuétanos de los generalmente indisciplinados usuarios paceños: “En la Pérez no se para, no se sube ni se baja”. Palabras que incluso motivaban sonrisas burlonas, además de miradas con aires de complicidad. Demás está decir que había un estricto control, a fin de evitar que sea acatada tan inusual disposición. Transcurridos muchos meses, hoy “se para, se sube y se baja nomás”, tal como comentan muchas personas. Hasta enormes buses se detienen, para que suban o desciendan pasajeros, prácticamente en todo ese trayecto. Y lo peor es que ya nadie dice algo, habiendo resultado infructuosa dicha campaña.

El problema es que, al parecer, las disposiciones en nuestro medio se las aplica para un determinado tiempo que, sin embargo, nunca está especificado en la norma. Mejor sería que se diga: “esta regla, para que no se enojen mucho, sólo durará 6, 10, 12 o 18 meses”. Aquellas normas relativas a la seguridad o comodidad del usuario, dejan de ser respetadas casi por todos con el paso del tiempo.

Ahí está la prohibición, por ejemplo, para llevar el denominado “quinto pasajero” en “trufis”. ¿Quién cumple la disposición? O, yendo más allá, quienes pretendieron velar por las buenas costumbres, mandaron pintar en las paredes anuncios que decían: “Prohibido orinar y ensuciar en este lugar, bajo sanción de 1.000 bolivianos”. ¿Cuántos transgresores fueron sorprendidos y al menos pagaron 5 bolivianos de multa?

También desde hace décadas se reitera que es prohibido conducir en estado de ebriedad. Incluso endurecieron tal medida al añadir la suspensión indefinida del chofer infractor. ¿Cuántos conductores ebrios fueron y serán sorprendidos luego de tales medidas? Nadie lo sabe, llegándose a la conclusión de que no se trata de impartir normas “al por mayor”, sino de hacerlas cumplir.

Empero todo se trata de educación. Educar y educarnos debe ser una actividad permanente, dando paso a campañas profundas con esta finalidad, pues lo que hoy se hace, emitiendo slogans, para unos y otros casos, similares o no, que más ocasionan gastos ingentes de recursos que otra cosa, lamentablemente no responde a la realidad cultural que se vive. Siempre como ejemplo, ¿de qué sirve tener un enorme mercado en pleno centro capitalino, si generalmente está semi-vacío, y las calles son atestadas de comerciantes o gremialistas, pese a que muchos de ellos tienen sus casetas en el mismo? Casi lo mismo acontece con los mingitorios públicos, ¿o es que éstos tendrán que ser de uso gratuito?

Mucho más habría que enfocar, por lo que volveremos sobre el tema, puesto que estos problemas cotidianos, al parecer sin importancia, ocasionan una mala calidad de vida.

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