[Ramiro H. Loza]

Suma de utilitarismo e ineficiencia


Una de muestras flaquezas es ver las cosas como son y no como deben ser, sin que se nos pase por la mente la necesidad de cambiarlas, de modificarlas o mejorarlas, por lo que nos atenemos a lo que está a la vista y existe, tratando de obtener de ese ser o estar el máximo provecho. Esta manera de contemplar el mundo inmediato en los que por cualquier medio llegan al gobierno del país los lleva a un fácil pragmatismo o, más bien, al utilitarismo. De revolucionarios del día anterior devienen en conservadores, aunque por paradoja actúen en nombre del “cambio”. Su discurso seguirá siendo de “avanzada”, pero sus actos los contradecirá.

Este enfoque no quiere caer en los lugares comunes de la politiquería, sino apreciar desde una perspectiva genérica, aunque acabamos de recurrir gráficamente -por así decirlo- a terminología política. El patetismo más crudo de lo dicho se presenta y personifica en nuestros actuales gobernantes. Llegaron y encontraron al país, al Estado, como algo hecho, puesto ahí y acabado, es todavía en su visión como una maquinaria autónoma y prescindible de cualquier acción del hombre. Alguien diría un organismo en sí y por sí en su funcionamiento y desarrollo.

No habiendo más que hacer, nada mejor y sencillo que sustraer a ese ente casi prodigioso todo el mayor beneficio personal. Por ello, los gobernantes de turno perdieron la visión de que el Estado pertenece a la toda la colectividad nacional y está hecho para atender sus necesidades y requerimientos de vida y subsistencia, si fuera al contrario el Estado no tendría razón de ser, de existir, y volveríamos a una individualidad desvalida de todo apoyo, de algún auxilio. Que cada cual se las arregle como pueda. Hasta en la tribu prima un sentido gregario de pervivencia, de asistencia y cooperación grupal que le permite subsistir.

Toda la evolución humana es una permanente aspiración al bienestar –pasando por el dominio de la naturaleza- es, en suma, la búsqueda del bien común. Gracias a impulsos como estos, se erige la sociedad moderna cada vez más perfeccionada, en la cual los individuos -hombres y mujeres- tienen a su alcance la satisfacción de sus necesidades materiales y espirituales. Si los actuales gobernantes se hubieran liberado a tiempo de su actitud contemplativa y utilitaria, dejando de lado su consigna “ahora nos toca”, modificarían su mirada del Estado como una especie de “vaca lechera”.

Más allá de semejante utilitarismo nada socialista, hoy todo el aparato estatal marcharía mejor y no tendríamos que sufrir duras falencias como la escasez de agua, por ejemplo, fluido vital e indispensable para la vida. Faltó un esencial sentido de previsión, de planificación, misión indelegable de quienes aceptan el reto del mandato público y que junto a asumir tal dignidad y sus halagos, deberían enterarse de las responsabilidades consiguientes para cumplirlas. No se pide un grado de excelencia en el manejo de la cosa pública, sino una elemental atención a los deberes adquiridos. Antes de pensar en obras faraónicas, en nuevos palacios y embarcarse en gastos suntuarios, es necesario atender las necesidades básicas de la sociedad: agua potable, alimentación, salud, educación y otros requerimientos importantes pero que no revisten urgencias de primera necesidad y subsistencia. Esto es lo esencial que debe concentrar la atención de los gobernantes.

La nave del Estado encallará o hará aguas si no se mira las instituciones públicas con la perspectiva de servicio a los objetivos de su creación, lo primero a este respecto es recurrir a los expertos en cada rubro o materia. No se los puede sustituir con el clientelismo político, ni sacrificar el bienestar colectivo por dar contento a los militantes. La improvisación nunca ha de ser aliada de una buena gestión de gobierno. Limitar el líquido elemento, aparte de atentar contra la calidad mínima de vida de grandes sectores, compromete la salud pública, afecta a la producción y al trabajo en el país. Lamentablemente, junto a otros notorios hechos acaecidos estos días, no es la imagen deseable del país que se quisiera proyectar en el ámbito internacional.

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