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[Raúl Pino-Ichazo]

Afrontar con tolerancia las tensiones en hogares


La impulsividad es un estilo cognitivo, siendo la expresión o predisposición a reaccionar de forma inesperada, rápida y desmedida, ante una situación externa que puede resultar amenazante o ante un estímulo interno propio del individuo y no disponer de una reflexión previa, ni tomar en cuenta las consecuencias que puedan provocar sus actos.

¿Por qué se analiza este término impulsividad, que se aplica en psicología a la relación de padres e hijos?, porque hoy con la conflictividad existencial y los peligros latentes y acuciantes que generan las drogas, el alcohol, el delito y la propia estabilidad emocional, los diálogos entre ellos se tornan difíciles y con proclividad a la impulsividad.

En la impulsividad predomina la baja tolerancia, pero la tolerancia es un requisito imprescindible para un diálogo fructífero, entonces se asigna presencia activa a la falta de control de impulsos, a comportamientos agresivos. Padres e hijos impulsivos ingresan a un marco en el cual sus reacciones son imprudentes, arriesgadas, poco reflexivas, insensatas, inconscientes, rápidas e irresponsables.

Otra pregunta insoslayable: ¿Cuáles características de la impulsividad frustran los diálogos necesarios para componer estados y situaciones del diario vivir?, entonces, se decanta en: personas que hacen exclamaciones constantemente y responden antes del planteamiento de la pregunta; personas que no pueden guardar su turno para hablar y son intolerantes a la espera; personas que interrumpen o se entrometen en los asuntos de otros; personas que hablan en exceso sin contenerse en situaciones sociales.

Todas las características precitadas deben relacionarse al origen de las mismas, encontrando su raíz genética o por déficit de serotonina, sustancia presente en las neuronas y con funciones neurotransmisoras, como: síndromes psicopatológicos, trastorno de definición atencional con o sin hiperactividad, trastorno bipolar, trastorno por control de impulsos, comportamientos antisociales y trastorno por dependencia de drogas o alcohol.

La impulsividad y la búsqueda de sensaciones novedosas son, generalmente, altas o frecuentes en la adolescencia y bajas o infrecuentes en el transito adultez-vejez. Los padres deben estar atentos cuando se producen estos desbordes para extraer conclusiones y ayudar sus hijos o ayudarse a sí mismos, identificando si aquellos desbordes son disfuncionales o funcionales. Es que la disfuncionalidad en los jóvenes afecta a su potencial intelectual innato y por ello con su impulsividad acumulan problemas en el aprendizaje, el cual les permite desarrollar su potencial, siendo afectadas las competencias vinculadas a su inteligencia consolidada, pero no las de inteligencia fluida.

Los padres deben identificar que los resultados académicos, la desconfianza por los demás y los sentimientos de ira son variables por acción de la impulsividad disfuncional, aunque ambas, la disfuncional y la funcional, propician en adolescentes respuestas agresivas. Empero, la primera está vinculada con el aspecto cognitivo (hostilidad) de la agresividad y la segunda con aspectos emocionales. Si padres atentos visualizan el síntoma, pueden ayudar fehacientemente a sus hijos, pues conocen el origen y pueden hablar de ello con franqueza y seguridad, creando en los adolescentes una confianza emergente que no se la esperaba, empero, se insiste en que requiere trabajo por parte de los padres.

En las situaciones de incertidumbre o ambigüedad, el individuo proclive a la impulsividad debe elegir entre actuar, aunque cometa errores, o solo dar los pasos que considere y evalúa como correctos, minimizando los errores. Por ejemplo, la ansiedad es una emoción que se presenta en todas las edades y actúa como un sistema de protección que ayuda a reaccionar ante estímulos de peligro.

Los niveles de ansiedad en la etapa de adolescente se elevan constantemente, por lo que se explican los cambios biológicos, anatómicos y psicológicos. Entonces, los padres que conocen este proceso natural obtendrán éxito en sus diálogos, tomando en cuenta que un estilo de padres autoritarios se asocia ineluctablemente con niveles de impulsividad en los hijos.

El autor es Abogado Corporativo, docente en Educación Superior, Derecho Aeronáutico, escritor.

 
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