Reflexiones


Un piadoso anciano rezaba cinco veces al día, mientras que su socio en los negocios jamás ponía los pies en la iglesia. Pues bien, el día que cumplió ochenta años, el anciano oró de la siguiente manera:

“¡Oh Dios, nuestro Señor! Desde que era joven, no he dejado un sólo día de acudir a la iglesia desde por la mañana y rezarte mis oraciones cinco veces diarias, como está mandado. No he hecho un solo movimiento ni he tomado una sola decisión, importante o intrascendente, sin haber primero invocado tu Nombre. Y ahora, en mi ancianidad, he redoblado mís ejercicios piadosos y te rezo sin cesar, día y noche.

Sin embargo, aquí me tienes: tan pobre como un ratón de sacristía. En cambio, fíjate en mi socio: juega y bebe como un cosaco e incluso, a pesar de sus años, anda con mujeres de dudosa reputación. . . y a pesar de todo, nada en la abundancia.

Y dudo que alguna vez haya salido de sus labios una sola oración. Pues bien, Señor: no te pido que le castigues, porque eso no sería cristiano; pero te ruego que respondas: ¿Por qué, por que, por qué. . . le has permitido a él prosperar y me has tratado a mí de este modo?”

“¡Porque eres un verdadero tonto!”, le respondió Dios.

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“LA PAZ CON IDENTIDAD SOLIDARIA”

Katherine Quinteros, el embajador de Alemania, Philipp Schauer, y Gabriela Lucero.


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