En el cincuentenario de la poesía concreta



Gladys Dávalos recibe el libro titulado “Ascensión de la lluvia”. autografiado por su autor Marcelo Arduz R.

(Ha fallecido la distinguida escritora orureña Gladys Dávalos Arze, Miembro de Número de la Academia Boliviana de la Lengua correspondiente de la Real Española y otras instituciones nacionales y extranjeras, siendo cofundadora del “Atamiri” para la traducción simultánea de varios idiomas a través del aymara. En su recordación, transcribimos el discurso que pronunciara en la Cancillería de la República el 9 de noviembre de 2003).

Es auspicioso y motivo de una íntima satisfacción, al cumplirse los 50 años de la aparición de la primera obra de Eugen Gomringer (Suiza 1953), el Padre de la Poesía Concreta mundial, poder celebrar la presentación del libro de quien es considerado su discípulo más destacado a nivel nacional. Para aquellos que no lo saben, Gomringer es un poeta bolivianosuizo nacido en Cachuela Esperanza (Beni) en 1925, poco o nada difundido en el país, pues de su obra solamente se tienen referencias a través de antologías extranjeras y hasta el momento no se ha editado ni un solo libro completo de sus versos en lengua materna, es decir el español, circulando la mayor parte de su producción literaria en otros idiomas, principalmente alemán, inglés, francés y portugués.

Ahora que la poesía concreta (“Po Co”), ya tiene un recorrido de medio siglo de vida, es preciso destacar que ha sido el elemento fundamental y desencadenante para la poesía computarizada que disfrutamos hoy en día los que tenemos el privilegio de contar con los servicios de corriente eléctrica y de poseer un ordenador electrónico; pues sin duda resulta interesante y a la vez entretenido leer y apreciar poesía en movimiento y a todo color, con recursos tecnológicos que antes se hallaban en ciernes Y es ahí donde se puede apreciar y comprender a plenitud este nuevo estilo, que ya tuvo su época de esplendor en Europa allá por los años 60 y 70 del siglo pasado, en momentos que surgía en los países industrializados la “sociedad de la abundancia” y la saturación en la población no se notaba solamente en el consumismo, sino en una insatisfacción y tedio por el arte hasta entonces conocido.

Los movimientos de paz de los así llamados “hippies”, hartos del dolor y los estragos causados por la guerra de Vietnam, estuvieron formados por jóvenes que querían cambiar la sociedad y construirla de nuevo a su manera, cuestionando hasta entonces lo “incuestionable”: se plantearon nuevas formas de hacer política, se ensayaron diversas maneras de vivir en pareja y se cuestionó las formas de vida, incluyendo la sexualidad practicada hasta entonces y en especial, de la mano de la píldora anticopceptiva, el tema familiar, que sufrió cambios drásticos, no solo en número debido a la naciente planificación familiar, sino también en cuanto a su estructura. La familia suele ser considerada una de las peores dictaduras y por esos años también su conformación fue cuestionada.

En los terrenos del arte volvieron a preguntarse, así como volverán a preguntarse una y otra vez las generaciones por venir: …“¿Qué es el arte?”. Y sabido es que a partir de los cuestionamientos y dudas surgen siempre las nuevas propuestas, entre las que ya se encontraba la “poco”, que, empero, se benefició de la tecnología y experimentó una favorable evolución. No por casualidad que la fotografía se torna importantísima en la práctica de esta poesía, que tiene luego una destacada y notoria influencia en el campo de la publicidad, de los afiches de propaganda comercial y, también, aunque en menor grado, en una estrategia útil para hacer propaganda política e ideológica.

Una de las respuestas más interesantes como controvertidas a la pregunta (qué es el arte) fue dada por un artista de la escuela conceptual de nombre Joseph Kosuth. Para él, el arte era simplemente lo que “el artista decía que era arte, o que el arte era aquello que el artista tenía la intención de presentar como arte” (lo que llevó por ejemplo a Piero Manzoni a enlatar heces y vender el “producto” como arte cobrando su peso en oro). Ya a principios del siglo pasado, en 1917, para ser más exactos, Marcel Duchamp presentó en una exposición una taza sanitaria/mingitorio para varones. Sin embargo, la definición si se la puede llamar así que más me gusta, es la de Leonardo da Vinci, que asevera que “el arte es una cosa mental”, “una idea que está en la cabeza”, ya sea en la del artista o en la del observador.

Este arte conceptual tomó diversas orientaciones y formas para identificarse, decidió que tenía que hacerse “visible”, pues los artistas y desde luego, los poetas, querían que su arte sea “perceptible”, algo “palpable” y dieron rienda suelta a su imaginación para lograr ese efecto. Bruce Nauman, por ejemplo, utilizó un tubo de luz de neón de color azul y rojo al que le dio la forma de caracol, en el que decía: “El verdadero artista ayuda al mundo a revelar verdades místicas”…

Esto ocurrió en 1967 y forma parte de todo este movimiento del que nos estamos ocupando, así como también los residuos o partes de un pensamiento que podía leerse en las paredes de una galería de arte, como el siguiente: “Decidí que el próximo viernes iré a la Galería Tate”, en la que la obra de arte no es la frase escrita en la pared, que no tiene más que valor de registro, sino que el arte está en la fracción de tiempo, en un determinado día, en la cabeza del artista. Los medios utilizados por los artistas conceptuales eran fotografías, videos, diagramas, mapas, postales, etc. que se mezclaban con el “body art” o los cuerpos pintados, el “arte de la tierra” (arte hecho directamente en la tierra, con plantas, tierra, piedras), etc. El factor que destacaba en este arte era el hecho de considerar que el proceso de creación era más importante que el producto mismo.

En todo caso, el arte se revitalizó a su manera y lo más importante, a mi modesto juicio, se dio con aquella idea de que el arte es sólo aquello que agrada, “lo bello”. No obstante ser el conceptualismo una de las maneras más anticuadas de entender el arte en sí, por creer que el arte tiene que estar necesariamente relacionado a un concepto, esos años dinámicos entre el 50, pasando por los años 60 y 70, tuvieron la virtud de poner al descubierto el fenómeno estético, haber cuestionado y hurgado en su esencia, no tanto para considerarla en términos de función cultural simplemente, sino también para que el ser humano, artista u observador, use sus capacidades de percepción, de concepción, o mejor, de concepción de la noción del arte.

La poesía concreta significa para un lingüista miel sobre hojuelas, pues más que para el poeta, músico o artista, ofrece una cantidad y variedad de material lingüístico digno de análisis, observación e interpretación. En esta ocasión el libro escrito por Marcelo Arduz Ruiz titulado “Ascensión de la lluvia” (Ediciones Plural, La Paz 2003), ofrece diversas posibilidades de estudio, no solamente poético, sino también y sobre todo lingüístico. Intentemos, entonces, interpretar su obra más que nada desde este punto de vista.

 
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