[Luis Antezana]

La agricultura es cosa muy seria para ser dirigida por agricultores


Mientras toda clase de funcionarios del Estado (ministros, secretarios, técnicos y voceros) pronuncian a diario contundentes declaraciones que anuncian mejor la producción agropecuaria, cambiar las técnicas de cultivo de la tierra, distribuir semillas, exhortar a los agricultores a mejorar sus cultivos e inclusive ampliar la frontera agrícola en un millón de hectáreas, la realidad va por otro lado.

En efecto, los campos producen menos, los productos nacionales escasean, los precios de los alimentos suben, los mercados están llenos de artículos extranjeros importados y de contrabando y, en general, la agricultura grande mediana y pequeña marcha a la ruina, determinando dos resultados inmediatos: que el Gobierno debe mantener y elevar las importaciones de alimentos y se obliga a los agricultores a asegurar que sus labores de producción están en peligro, ya que son objeto de la competencia desleal de productos extranjeros que se vende en el país con precios muy bajos.

La agricultura del altiplano, valles y yungas del país se encuentra en estado comatoso y esa situación tiene tendencia a agravarse. Todas las medidas legales para esas zonas han condenado a muerte a la agricultura (excepto de la hoja de coca). La producción agrícola del altiplano ha sido sustituida por la de origen peruano, chileno y argentino. En el Oriente, casi toda la agricultura es de exportación (soya, etc.) y el consumo interno es abastecido por contrabando de Brasil y Argentina.

Entre tanto, la producción de trigo, maíz, fruta y otros sigue en descenso, siendo el caso de la harina el más dramático, pues sigue aumentando, al igual que de trigo. En efecto, de enero a marzo, el Gobierno compró harina en el exterior por 16.7 millones y trigo para harina por 1.6 millones, según revela el Instituto Boliviano de Comercio exterior.

Esa información oficial revela que en el trimestre pasado, Bolivia importó más trigo en grano que el año anterior. Agrega que el año 2013 se importó trigo en grano por 145.275 toneladas, mientras el 2014 se importó 220.166 toneladas. Es más, las noticias del IBCE y el INE indican que mientras en el año 2013 se importó trigo por valor de 58.101.900 dólares, el año 2014 se importó 92.338.109, datos numéricos incompatibles con optimistas afirmaciones de tipo propagandístico.

Los datos generales de la producción agropecuaria nacional son por demás alarmantes, pero en detalle se observa que la referida a la región interandina está en total decadencia, mientras la del oriente todavía conserva cierta estabilidad, aunque los productores aseguran que tendrán que bajar su producción por el dólar barato y los bajos precios en el exterior que impulsan las compras bolivianas.

El problema del bajón de la producción agropecuaria en Bolivia no es nuevo. Se lo observa y critica desde hace varios años y continúa y continuará en proceso de agravación por más ofertas técnicas y líricas que se pronuncie y mientras no se enfoque el tema con conocimiento de causa y no en base a puntos de vista intuitivos de agricultores o funcionarios urbanos aficionados a la agricultura, pues la agricultura es cosa muy seria para ser dirigida por agricultores.

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