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Trenzadas, adoraciones y Papa Noel

Navidad en Tarija

El antes y ahora es abismal, según cuenta Edmundo Ávila Moreno


TRADICIONES NAVIDEÑAS QUE NO MUEREN. EL FESTEJO EN TARIJA.

Tarija.- A muy pocos días de vivir la fiesta de Navidad, ya se siente su espíritu en la ciudad ya que las plazas están adornadas con luces y colores además que las casas poco a poco también se están adornando, papá noeles, arbolitos y guirnaldas son los principales en esta época a pesar de que no sean en si la costumbre tarijeña, pero hay familias que aún preservan las tradiciones de sus abuelos.

El antes y ahora de la navidad en Tarija es abismal, según cuenta Edmundo Ávila Moreno, más conocido como Cumpa Mico quien es un reconocido folclorista y amante de la tierra tarijeña.

“Yo soy muy querendón de Tarija, algunos me dicen regionalista o xenofóbico pero no les hago caso porque yo amo a mi tierra igual que un paceño, un orureño o un cruceño quiere la suya”, comienza el Cumpa Mico.

En este sentido, empieza a hacer notar cómo las calles y plazas de la ciudad están llenas de árboles navideños, pinos con bolitas de colores e incluso con nieve falsa. Recuerda que antes lo que se hacía era poner mesas de ofrenda al Niño Dios, con flores de la temporada y lo más selecto de la producción agraria.

“Doña Raquel Bejarano, que en paz descanse, ponía una mesa muy linda, con su Niñito bien vestidito, rodeado de nardos y como ofrenda sus mejores choclos, papas, cebollas y demás”, indica.

Le llama la atención la ahora bien establecida figura de Papá Noel, que antes no existía, pues los regalos había que pedírselos directamente al Niño Dios. “Sí yo quería por ejemplo una pelota de cuero, porque entonces casi todos jugábamos con pelotas de trapo de vejiga, tenía que escribirle una carta al Niñito, y al otro día mi madre me la ponía en la almohada”, recuerda el cumpa.

En cuanto a las adoraciones y trenzadas rememora con claridad que la calle Cochabamba era el lugar para ello por excelencia. Allí vivían Don Ignacio y su esposa Doña Hilaria, quienes ya desde un mes antes abrían sus puertas para que los niños se inscribieran a las clases de trenzadas, aprendiendo así las distintas paradas como los cocos de uno, dos, cuatro y seis, las canastillas simple y doble, la chullusca, las palmas, el sapito, el torito y el borrachito entre otros.

Otra cosa que aprendían eran los cantos con que debían acompañar cada parada, o figura del trenzado. “Esto es lo que más se ha perdido, ya no se canta como antes, ya no hay el acento, él léxico y la entonación que se usaba entonces”, lamenta.

En la misma línea recuerda que antes tampoco se acompañaban estos cantos con bandas de bronce como las que tocan policías y militares, sino que todo se hacía con quenillas, tambores y bombos. De igual forma tampoco se usaban petardos o fuegos artificiales, si acaso una ocasional bomba.

Otro tema importante del que habla el cumpa fue de la diferencia entre la trenzada y la adoración, pues mientras aquella se baila alrededor de un palo con las cintas de la colores, esta otra se baila en parejas ante la figura del Niño Dios con una música diferente, haciendo figuras propias como el pañuelito, los arrurrus, la chullusca, el torito, o la despedida. (La Voz de Tarija)

 
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