Ofreda de Manco Capac al Libertador

Por Marcelo Arduz Ruiz


Cuando en albores del Tercer Milenio, acudimos a la Capital Histórica del Perú y antigua sede del Imperio Inca para participar en los actos conmemorativos del Centenario del diario “El Sol del Cusco” (1901-2001), fue una sorpresa para los mismos personeros de ese prestigioso medio de prensa que les entregáramos en mano la copia de un valioso documento que deja la constancia que el periódico ya circulaba desde las primeras décadas del siglo anterior, aunque de manera oficiosa y más espaciada (antes de constituirse “en diario”), por lo cual se lo puede considerar uno de los voceros más antiguos –cuando no Decano- en la vida republicana del vecino país…

El texto aludido, lo encontramos al revisar los archivos del Libertador rescatados por su Edecán y uno de sus más leales colaboradores: el Gral. O´Leary, habiendo sido publicado por el número 29 de “El Sol del Cusco”, en la edición correspondiente al día 26 de julio de 1825…

Se trata de una apócrifa misiva titulada: “De Manco Capac al Libertador”, que dirige el fundador del Imperio del Tawantinsuyo como corolario de la gran campaña emancipadora que se desarrollara en territorios otrora pertenecientes a los llamados “Hijos del Sol”, pareciendo ofrendar desde las alturas de Machu Picchu (que obviamente para entonces todavía no fuera descubierta) su pira de gratitud al Libertador.

La pieza, atribuible al numen de algún prominente intelectual lugareño -que sin embargo, prefirió esconder su nombre en el anonimato- fue leída como mensaje de salutación al Héroe durante la solemne recepción que el pueblo cusqueño le brindó con motivo de su visita a la ex capital Inca, cuando el Libertador se dirigía a asumir el mando de la naciente república que fuera bautizada con su nombre.

Pese a su indiscutible valor literario e histórico terminó cubierta por un manto de olvido en la vorágine de los siglos, inclusive para los mismos cusqueños, motivo por el cual nos permitimos transcribirlo seguidamente:

“Desde la tumba, ilustre regenerador de mi Patria, vengador de la sangre de mis Hijos, yo te saludo. El profundo sueño de siete siglos ha sido agradablemente turbado por el clarín que proclama tu nombre. El Sol mi padre, el padre de la luz, el dios del día, brilla, me parece, ahora con más esplendor que en los años de mi gloria, porque se complace de tus hazañas.

Tiempo ha, que esperé yo con ansia este gran día. Cuando dejé de existir, el ángel del destino me abrió su fatal libro y en él aprendí el porvenir. Ya con dolor vi mi trono subvertido, mi imperio desolado, mis súbditos encadenados, mi hijo, mi amado Atahualpa, la víctima de un verdugo...

Dios santo qué sangre, qué de crímenes se asociaron al nombre horrendo de Pizarro. Aún ahora me lleno de amargura al recordarlo. En fin, tres siglos de ignominia son testigos del más horrible despotismo, mas debían cumplirse, aunque se me presente un rayo de esperanza entre aquellos negros renglones.

Yo vi (perdona, Bolívar, si lo nombro) él era el precursor de tu venida, vi a mi Túpac Amaru... batirse, morir en vano. Pero en otra página ¡qué hermosura! vi a los gigantes de la naturaleza, los Andes, sonreír sobre la cuna del futuro héroe. Te vi en tu tierna niñez surcar los mares en busca de la sabiduría. Leí tu juramento en el Monte Sacro de libertar a tu patria.

Yo vi robar al iris sus colores para hermosear tu bandera. Vi el Zulia orgulloso abrir su seno para recibir las primicias de tu valor y a la dichosa Caracas sus brazos para estrecharte en ellos. Y aunque el fanatismo y la superstición se aliaron contra ti, supe que era para relevar tu mérito, aumentando tus peligros y ensalzando tus glorias.

Después la discordia, la traición, desde los muros de Cartagena lograron un momento de triunfo: pero un momento no más. Desterrado te vi humillar tu noble espíritu, vagando de país en país implorando auxilios para socorrer a tu patria y a esos ingratos que te habían hecho traición.

Te vi contender con Neptuno, con Eolo, que en vano opusieron sus olas, sus huracanes. Te vi el jefe de trescientos combatir con millares. Te vi - increíble! - te vi vencer. Después, entre los padres conscriptos de tu patria me asombré al verte presentar un código de bien, de libertad. Bolívar, Bolívar, al leer este rasgo, me avergoncé de mí mismo, que aunque el fundador era también el autócrata de mi imperio. Estimulados por tus virtudes, otros pretendieron emularte: Necio empeño! Mi imperio vino a ser el teatro de la guerra: triunfaron los sucesores de Pizarro. Se remacharon los eslabones de la cadena de mis peruanos. Su ruido llegó al Chimborazo; el eco del Chimborazo lo condujo a tus oídos. Te vi volar con tus invencibles legiones y otra vez vencedor te vi presentar en Lima el hermoso ramo de oliva que se extiende desde Tumbes hasta el Desaguadero.

Cusco, Cusco, más dichoso con su presencia que con mi borla y mi cetro, a ti te vi recibir a Bolívar… qué de bienes, ciencias y artes... Mas ya me interrumpen las fatales hermanas, prohibiéndome seguir... Independencia, Libertad, Patria: todo a ti te debe mi suelo y los hijos del Sol. Acepta Libertador mi gratitud. La sangre infame de los Almagros y Valdivias habría embrutecido a la de mis descendientes, si no le dieras eternamente la tuya.

Disimula ahora, Oh Bolívar! y oye la voz del padre de los Incas, del Rómulo de su Patria, y benigno óyela: no desampares a mi Perú. Dale leyes. Enséñale su culto. Imprime en él tu divisa: gloria y patria. Muéstrale los escollos de la libertad: el federalismo, anarquía. Hazle beber de un nuevo Leto que sepulte en el olvido el egoísmo. Dile que el sentimiento del patriota republicano debe ser: “Todo, conciudadanos, para vosotros; nada para mí” …Adiós!, la lámpara de mi gloria extingue ya su lumbre. Vuelvo a mi reposo, dejando a mi Perú descansando bajo un nuevo Sol de Libertad, a la sombra de tus Laureles!”.

(El autor fue condecorado con la Medalla del Centenario del Diario El Sol del Cusco)

 
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