A sobrevivir en La Paz

Voluntarios, el rostro de quienes ayudaron a discapacitados



Las personas con discapacidad se quedaron por muchos meses en la ciudad de La Paz, pero voluntarios ayudaron a estas a soportar el frío y a mantenerse en la lucha.

Muchos se preguntan cómo sobrevivieron los discapacitados durante tres meses en La Paz y la respuesta está en las manos amigas, la fuerza anónima que durante varios meses de movilización ayudaron desinteresadamente a los más vulnerables de Bolivia. Ellos y ellas cuentan qué los impulso a dejar la comodidad de sus hogares para dar su tiempo y energía a esta causa.

Reynaldo, Abril y Majo son tan solo algunos de los voluntarios que dedicaron su tiempo a recabar ayuda económica, preparar los alimentos, llevar ropa, frazadas, empujar sillas de ruedas, dar asistencia médica, limpiar la calle, jugar con los niños, entre otros aportes a cambio de nada, pero que fueron pagados, como dicen, con la alegría de saber que grano a grano se hace la diferencia.

“No nos imaginamos ni en el mejor de nuestros sueños, que la gente común nos mire, que los vecinos nos ayuden, que los jóvenes nos quieran”, dijeron las personas con discapacidad mediante una carta que hicieron pública poco antes de partir a sus regiones, tras meses de movilización en busca del pago de una renta solidaria, que no se concretó.

REYNALDO

Reynaldo Flores es un comunicador cochabambino que de forma voluntaria acompañó la caravana. “Empujé sillas de ruedas desde Cochabamba”, comentó. Relató que el pasado 21 de marzo, cuando cerca de 100 personas con discapacidad partieron desde esa ciudad, él sin pensarlo dos veces se ofreció para empujar las sillas de ruedas, en muchos casos las personas estuvieron acompañadas por parientes y fueron empujadas por las personas con discapacidad intelectual o auditiva, pero en otros casos no había quien haga ese duro trabajo.

Él fue uno de los muchos voluntarios que hicieron ese aporte, transitando por la carretera en días de intenso sol, polvareda, viento y noches de frío extremo. A la altura del altiplano se fueron uniendo más voluntarios, es el caso de los estudiantes de la UPEA y de la UMSA, miembros de la Cruz Roja, bomberos, estudiantes de medicina, entre otros.

DOCUMENTO

En uno de sus post virtuales señaló: “Gracias a todos aquellos que sin tener pies nos enseñaron a caminar con dignidad”. También agradeció a quienes como él fueron voluntarios. “Durante la caravana sufrimos lo indescriptible, por eso nunca serán suficientes las gracias a quienes ayudaron (...) Gracias por compartir su tiempo en una causa noble, más aún cuando ese tiempo no fue solicitado, fue voluntario”, dijo.

En 2011, Flores también fue parte de la marcha de indígenas de tierras bajas del Tipnis, agregó que es duro el trabajo de un voluntario. “La ayuda llega para las personas con discapacidad, mantas, comida, ropa, pero los voluntarios debemos subsistir como se pueda. Se ve al voluntario como el que está pasando por ahí, es difícil ser voluntario. Yo no tengo respaldo de ningún partido político ni de ninguna agrupación”, señaló.

ABRIL

Abril Gutiérrez, una joven estudiante de derecho, comentó que el haber compartido durante más de tres meses momentos duros en la vigilia le ayudó mucho en su crecimiento personal. “Muchos han llegado del campo con historias increíbles. Yo estuve con ellos desde el primer día que llegaron, primero me acerqué sola, luego conocí a algunos colectivos, jóvenes organizados que también los ayudaban, como la agrupación ‘Yo soy tú Bolivia’ y ‘No nos madrugan’, mi objetivo era ayudarlos un poco en su lucha para que se cumplan sus derechos”, indicó.

Explicó que ella ayudó en tareas como conseguir alimento, cocinar, hacer jugar a los niños, llevarlos al médico, en la limpieza, lavar ropa y comentó que no es su primera experiencia como voluntaria ya que también está involucrada con organizaciones que precisamente trabajan por la inclusión de este sector, como el IDAI.

“El apoyo no ha faltado, había gente anónima que ayudaba. Por ejemplo un señor todas las noches dejaba agua caliente para las bolsas de agua caliente y así había mucha gente, no sabemos sus nombres, jóvenes, mayores, niños que se acercaban con comida, ropa y otras cosas. Otros que sí tienen nombre como David, Alejandra, Majo y muchos otros que dieron su tiempo y lo más importante su cariño”, señaló.

MAJO

Al margen de los apoyos individuales, se articularon colectivos para apoyar a los “discas”, como ellos se autodenominan. Uno fue el colectivo “Yo soy tú Bolivia”, donde trabaja Majo Zuazo, quien señaló: “Como colectivo hemos empezado a articularnos cuando los atacaron con carros Neptuno, los gasificaron; para ayudar y hacer algo”.

Empezó como un colectivo de jóvenes que tenían el objetivo de apoyar a las personas con discapacidad desde manifestaciones artísticas, pero también aportaron en tratamientos médicos, recaudación de fondos y varias otras estrategias de ayuda.(ANF)

 
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