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Tradiciones

Navidad… Érase una vez…



La experta en ceremonial Georgette Bretel
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Con nostalgia vienen a mi mente recuerdos de infancia, cuando la inocencia era la característica de aquellos días, momentos inolvidables que, a pesar del tiempo transcurrido, es difícil no añorar.

Seguramente muchos guardan aún ese sentimiento y ansias por la llegada de la Navidad, nuestros abuelos fueron quienes, a través de lindas historias, nos hablaron de la dulce Sagrada Familia y, por supuesto, del nacimiento del Niñito Jesús, historia que jamás nos cansaba y pedíamos que la repitiesen una y otra vez; posteriormente nos preparábamos para armar lo que nuestros padres llamaban “El Nacimiento”.

Pero ¿Qué era armar el nacimiento?... Todo un correteo; buscar el musgo, fabricar montañas para recrear un paisaje parecido al lugar que visualizábamos donde supuestamente había nacido el Niñito Jesús… un establo con muchos animalitos y paja entre otras cosas.

Prácticamente concluíamos cuando colocábamos la imagen de María y José… el Niñito Jesús debía esperar hasta la llegada de la noche buena pues recién debía nacer, también estaban los reyes magos, más alejados ya que venían en camino y por supuesto no podía faltar la estrella de Belén que era la que los guiaba.

La ilusión que teníamos era bastante grande, nuestra paciencia no era suficiente para aguardar hasta la llegada de la noche buena.

Sabíamos que debíamos portarnos bien y los días previos era cuando mejor lo hacíamos de lo contrario el Niñito no traería los regalos que habíamos pedido con tanta ilusión… aún recuerdo el tenor de algunas cartas dirigidas al Niñito Jesús…

“Querido Niñito, este año me porté bien, solo hice renegar un poco.

Quisiera que en Navidad me envíes algunas cositas; una muñeca que llore, una bici, un juego de ollitas, colores y si puedes un vestido con muchos encajes.

¡Ah! Un triciclo también, autitos y canicas… son para mi hermanito que aún no sabe escribir.

Muchas gracias Niñito Jesús.”

Luego, el afán era para nuestros padres ya que debían llevar nuestras cartas al correo.

No recuerdo en qué momento las cartas que enviábamos al Niñito Jesús cambiaron de destino… de repente eran enviadas hasta el Polo Norte, a un simpático señor regordete, de lentes con una espesa y blanca barba, vestido con un traje y gorro rojo, cinturón y botas negras.

Desde entonces las cosas cambiaron bastante, los obsequios los traía Papá Noel y las cartas eran enviadas a él, lo único que nos recordaba al nacimiento era el pesebre que con tanto amor habíamos armado.

Afortunadamente, en los hogares más tradicionales no se había perdido el verdadero sentido de la Navidad, con cánticos y danzas dedicadas al niñito Jesús, nace a la media noche del 24 de diciembre… ¡ya es noche buena!

Muchos niños solían fabricar los instrumentos típicos para adorar al Niñito Jesús… las tapacoronas de las botellas de entonces eran aplastadas y perforadas al centro para luego unirlas con un cordel, eran los famosos chullu-chullus o por lo menos yo los conocía así.

Era típico ver en las calles, pequeños grupos de niños disfrazados de pastorcillos interpretando villancicos al son de un tambor, una armónica, y chullu-chullus. Tocaban la puerta de algunos hogares que les permitían ingresar para adorar al Niñito Jesús en el nacimiento de sus casas a cambio de galletas, golosinas y uno que otro juguete… eran especialmente preparados para esos pequeños pastorcillos.

Pasada la misa de gallo después de la medianoche, las familias, retornaban a sus casas para disfrutar un chocolate caliente con buñuelos en algunos casos y en otros la tradicional picana. Finalmente, se realizaba la apertura de regalos que por cierto habían llegado mientras las familias estaban en la misa de gallo, este era el momento estelar para los niños, era una locura!

Ulteriormente, estas tradiciones se fueron desvaneciendo… el comercio se apoderó de nuestras vidas no solo en las tiendas, también en las calles, a través de ferias y la navidad fue cambiando su verdadero propósito. En los días precedentes, éramos libres de transitar por las calles a cualquier hora, estaban llenas y había un ambiente de fiesta por doquier, hoy nos toca utilizar barbijos, lentes protectores y, hasta hace poco, con restricción de horarios para salir por un tema de bioseguridad a causa del Covid-19 que tanto daño hizo este año.

En todo este relato, aunque de época pasada, siempre intervino la etiqueta y el protocolo que no es algo que podamos dejar a un lado. Son parte de nuestro día a día y no únicamente para determinados eventos.

Georgette E. Bretel de Aliaga

Escritora y experta

Ceremonial, Protocolo,

Etiqueta y Comportamiento Social

www.facebook.com/Georgette.E.Bretel.de.Aliaga

Gebreteldealiaga.blogspot.com

 
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