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[Ramiro H. Loza]

Gestación de la oligarquía del poder


La oligarquía, en parámetros históricos, es hoy un denuesto más que un contenido conceptual y conforme a lo primero es anatema para el común de las gentes. A objeto de conocer sus orígenes tenemos que aterrizar en la Grecia antigua y partir de la clasificación de gobiernos con la diestra de Aristóteles. Los gobiernos son, pues, monarquía bajo el cetro de un solo hombre. Aristocracia o gobierno de los mejores. República o gobierno de todos (democracia) busca el bien y la utilidad general, de igual modo que buscan los dos anteriores.

Estas formas son susceptibles de desviación. Entonces la monarquía deriva en tiranía, sólo en interés personal del autócrata. La aristocracia se convierte en oligarquía o gobierno en beneficio de su clase. La república puede derivar en demagogia, o el abuso absoluto del poder a favor de los “pobres”. Con el término pobres el Estagitita se refiere al pueblo llano y como aristocracia a los mejores y virtuosos ciudadanos, habida cuenta que en su tratado de La Política, divide la sociedad en aristocracia, artesanado, labriegos y, por último, ilotas y esclavos. Terciaban también a modo de clase los guerreros, de gran importancia en esos tiempos. Donde el poder se detente por los ricos sean muchos o pocos hay una oligarquía y “donde se (lo) confiere a los pobres hay una demagogia”. Contemporáneamente en lugar de la denominación de pobres, se habla de una clase baja que, por razones sociológicas, puede contener también personas adineradas. En cuanto a la valoración, el clásico afirma que todos pretenden ser “jueces de su propia causa”.

Ahora, por lo general, se llama oligarquía a los grupos de poder o de influencia política y económica. La demagogia, supuestamente, al servicio de muchos no deja de reducirse a grupos más o menos pequeños, aunque invoque servir a las “grandes mayorías”. Lo cierto es que en el mundo moderno y actual toda la actividad gira sobre el eje económico, benefactor de seguridad, prestigio y comodidad. Las oligarquías tienen por descontada causa lo económico, la adoración del Becerro de Oro, con hondas repercusiones en lo político. La política es otra fuente oligárquica y es ingenuo creer que la riqueza se proyecta necesariamente del trabajo, del emprendimiento o del talento, sino que también de hábiles maquinaciones, obviamente, no excluyentes del ejercicio del poder político.

Si hablamos del poder y de la administración, el torrente del vil metal que brota de su seno es inagotable, reduciendo recursos al bien público. Entretanto, la codiciada expectativa de los que aguardan su turno se torna desesperada. En veces parece tardar demasiado. El tiempo es un aliado importante del enriquecimiento. A más años de permanencia en las alturas y categorías del gobierno, mayor flujo termina en los bolsillos, pero no es óbice a una creciente avidez. Tanto el poder mismo cuanto su instrumentación digital por los administradores de la cosa pública es venero inapreciable de riqueza que muchos no dudan en llamarla latrocinio.

Este usufructo non sancto de la jerarquía de gobierno, lo es también de la distribución de jugosos contratos, de sobornos y de oscuros negociados de consuno con allegados, parientes y clientes políticos. Estas son las neo oligarquías que superan y dejan muy atrás a sus predecesoras, tildándolas sin cansancio de “oligarquías”. En el discurso demagógico éstas fueron y son causantes de todos los males presentes y pasados.

Admitiendo que los países desarrollados y del “primer mundo” pueden parir personajes y grupos de enorme riqueza a través de la gran empresa y de las redes transnacionales, las oligarquías de nuestro continente latinoamericano nacen del ejercicio del poder y del gobierno. Es la política la fuente de este tipo de enriquecimiento que de algún modo hemos tratado de describir. Cabe, pues, reiterar que si bien el desempeño de la burocracia genera las oligarquías, la sombra del árbol frondoso del poder ofrece sus ramas a los que con agilidad simiesca las trepan bajo el beneplácito de quienes se regodean en la copa arbórea. El MAS es un partido o asociación de diversos gremios, que ha montado y monta el potro de la abundancia por más de 14 años con sólo el intervalo de once meses, fuente suficiente para incubar una nueva oligarquía. No es que está en etapa surgente, sino que ya lleva tiempo de haber irrumpido con toda la carga negativa que ello significa, en perjuicio del interés popular y nacional.

loza_ramiro@hotmail.com

Usurpado el 7 de octubre de 1970, por defender
la libertad y la justicia.
Reinició sus ediciones el primero de septiembre de 1971.

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