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I

Privatización y capitalización, ¿ideología de la enajenación?

Nicómedes Sejas T.

DESCALIFICAR A LOS ADVERSARIOS

El informe de investigación de la Comisión Mixta de la Asamblea Legislativa sobre la privatización y capitalización durante el periodo 1985-2005 es ante todo un intento de descalificación política, más apasionado que esclarecedor, comparado con otras investigaciones realizadas sobre el tema.

La Comisión encargada, al parecer, ha tenido el cuidado especial de remarcar que el neoliberalismo a la boliviana ha sido costoso y enajenador de los recursos públicos.

El segundo rasgo relevante de aquel programa enajenador sería la irresponsabilidad de sus administradores, algunos de ellos importantes candidatos a la presidencia en las elecciones generales del 2019, y por lo mismo peligrosos adversarios, cuyas inconsecuencias merecen ser expuestas ante la opinión pública, como parte de las acciones de limpieza de los escollos para allanar la pretensión re-electoralista de los caudillos del oficialismo.

Los rasgos señalados en la investigación, sin duda, tienen la clara intención de justificar el socialismo comunitario como el único modelo de gestión viable frente a la posibilidad de volver al pasado neoliberal, en caso de prosperar las posibilidades de triunfo de los candidatos de la oposición, especialmente de quienes están decididos por reencauzar el proceso político en el marco de la democracia intercultural demandada por los sectores excluidos desde la fundación de la República.

Si la intención era enterrar a los adversarios electorales, mediante un costoso recurso seudocientífico, probablemente no logrará sus propósitos, ya que a juzgar por las primeras reacciones, la opinión pública mayoritaria no comparte el punto de vista de la Comisión ni el resultado de sus investigaciones. El intento de descalificación de los adversarios ha quedado al descubierto.

NEOLIBERALISMO VS SOCIALISMO

La Comisión debido a su interés político ha dejado dudas sobre la objetividad metodológica de su investigación; de modo que comparar el socialismo y el neoliberalismo para concluir la importancia de aquél es poco convincente.

El neoliberalismo, tal como entiende la Comisión, es una ideología de enajenación de los recursos nacionales y no un enfoque paradigmático en el que se establece menos Estado y más mercado.

La investigación, al no plantearse el neoliberalismo como teoría y práctica de la gestión económica, queda muy lejos de las críticas que los mismos neoliberales han planteado sobre el modelo, con la consecuencia que tales críticas han reorientado el enfoque de las instituciones de cooperación internacional (BM, FMI), independientemente de que los más lúcidos socialistas tuvieran sus propias críticas.

Condenar el neoliberalismo no es propiamente argumento en pro del socialismo ni le añade consistencia, porque la realidad se ha encargado de demostrar su inviabilidad hace bastante tiempo. El socialismo ha dejado de ser la ideología de la revolución social, por sus propias miserias, como las que señaló Popper en 1919. El neoliberalismo también ha tenido importantes modificaciones teóricas y prácticas; de modo que es poco probable volver a la crisis que nos tocó vivir en la década del 80 del siglo pasado y recurrir al shock de aquellas características, incluso si el actual gobierno insiste con el desmantelamiento de los pocos logros institucionales que han quedado y continúe por el camino equivocado que nos ha llevado al desastre del endeudamiento de aquel tiempo.

La Comisión ha prescindido del factor histórico que permitiría una mejor comprensión sobre si los administradores del modelo neoliberal aplicado tenían otras opciones, dado que la situación crítica de la economía boliviana y el factor externo ejercían una gran presión, factores que seguirán presentes en todo momento debido a la concentración de nuestra economía en la exportación de materias primas, sin incluir el circuito coca-cocaína.

En el momento de aplicar el programa de ajuste y reforma estructural (1985), Bolivia, en pocas palabras, se debatía con una alta inflación, con cesación de pagos de su deuda externa, fuertemente endeudada y sin posibilidad de captar recursos frescos (Careaga Juan; Estabilización y Desarrollo. Los Amigos del Libro. 1996).

 
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