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Entre la angustia y la fe

Marcelo Miranda Loayza

La angustia está convirtiendo el día a día en una constante incertidumbre por no saber que depara el futuro, es en ese espacio donde el miedo aprisiona el corazón, dejándolo inmóvil ante el dolor y el sufrimiento, ¿Qué debemos hacer ante ello? ¿Quedarnos quietos ante la penuria, sin esperanza e indefensos ante la adversidad, o levantar las manos y el corazón hacia lo realmente importante?

Todos los días vemos en las redes sociales y en los medios de comunicación crespones negros en señal de luto, pedidos urgentes de plasma, los índices de nuevos contagios, etc., es decir, la angustia y el miedo están haciendo presa poco a poco del corazón humano, es ahí donde nace de nuevo la pregunta ¿Qué debo hacer? ¿Quedarme quieto ante la penuria, sin esperanza ante la adversidad, o levantar las manos y el corazón hacia lo realmente importante?

Si bien cada familia es un mundo y cada mundo tiene sus propias complicaciones, es necesario que en familia se tenga la firmeza para afrontarlo, ya que el temor no es el camino, el miedo nos paraliza y nos deja sin ánimos, pero en Dios el miedo deja de tener la última palabra, pues en la Fe se convierte en Esperanza.

San Juan Bautista de La Salle decía: “Sea Dios su único recurso en los combates y desfallecimientos de la naturaleza”, es decir, que ante la adversidad Dios sigue teniendo la última palabra, incluso aunque no crean en ÉL. Entonces, que nos queda, ¿Quedarnos quietos ante la penuria, sin esperanza e indefensos ante la adversidad, o levantar las manos y el corazón hacia lo realmente importante? La respuesta tiene dos ámbitos, uno personal, es decir, en lo profundo del corazón, donde Dios aguarda y guarda su Amor, es ahí donde encontrarán la fuerza para seguir adelante, aun a pesar del miedo; el segundo ámbito es necesariamente familiar, pues es en la familia (a pesar de las dificultades que puedan existir) donde Dios se manifiesta en su Amor fraterno y es justamente en ese Amor de donde surgen el empeño y la fuerza que incluso nunca se pensó que se tenía, es justamente ahí donde podemos decir, con cierto miedo (que es natural), pero a la vez con toda esperanza y certeza, levantando las manos hacia lo realmente importante: “Que se haga tu voluntad y no la mía”, solamente así la vida seguirá siendo vida, viviéndola con prudencia, pero también con tenacidad, teniendo la certeza de que a pesar del dolor y el temor, todo pasa, mas dios no se muda.

“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el miedo, porque el temor lleva en sí castigo. Por lo tanto, el que teme no ha sido perfeccionado en el amor. (1 Juan 4:18). Ánimo y Fe.

El autor es Teólogo y Bloguero.

 
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