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Bomberos Voluntarios Ajayu:

Lucha desigual ante fuego amenazante e impredecible

> “El bosque que circunda a Palestina es un paisaje que duele y huele a muerte” > “Respirar es difícil por el humo, a lo que se suma el esfuerzo físico y la fatiga” > “El peligro en la región es constante: fuego, humo, viento” > “No sabíamos lo que nos esperaba y tampoco si volveríamos al campamento” > “Las cenizas calientes del suelo derretían la goma de las botas” > “Es muy necesaria la presencia de ambulancias y médicos en todos los lugares donde existan campamentos” > “No hay actividades coordinadas entre aire y tierra” > “Personas inescrupulosas vuelven a iniciar el fuego” > “Vimos camiones trasportando troncos, no obstante la pausa ecológica”


Jóvenes libran una lucha desigual ante la expansión del fuego en el bosque que circunda a Palestina.
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Por Gloria Martínez Vargas

“Encontramos a Palestina entre fuego y cenizas, un fuego que se levanta amenazante e impredecible, en un momento está delante y rápidamente aparece por detrás. Respirar es difícil por el humo, a lo que se suma el esfuerzo físico y la fatiga” afirma la comandante de Ajayu, Kelly Tejera.

La cabecilla de la primera avanzada de bomberos civiles voluntarios de La Paz, indica que dentro el grupo hay bomberos de primera línea: los más fuertes y controlados que son los que directamente combaten a las llamas, luego que se logra dominar la situación, pasan a actuar los bomberos de segunda línea.

Añade “Si bien, todos los días nos levantábamos a las cinco de la mañana para organizar nuestras tareas, también teníamos operativos nocturnos, pero todos estamos conscientes, que en cualquier momento, si el fuego entraba a la población y no podríamos enfrentarlo, debíamos agarrar nuestras cosas y salir corriendo porque no hay movilidades que faciliten una evacuación”.

Manifiesta su preocupación e impotencia ante la carencia de un trato igualitario a todas las zonas afectadas de la Chiquitania. “En más de siete días intentando sofocar el fuego del bosque palestino, nunca tuvimos el apoyo del Supertanker, ni de los helicópteros. No hay actividades coordinadas entre aire y tierra. Cuando Concepción fue declarada zona roja, pedimos inútilmente el apoyo de las aeronaves, pero nos comunicaron que por el excesivo humo no podían operar. Sin embargo, vimos sobrevolando el área a un helicóptero con canastilla pero sin agua, transportando a una autoridad”,

BOMBEROS

VOLUNTARIOS

DE LA PAZ

Ajayu, es un proyecto de capacitación para bomberos voluntarios civiles, que surgió hace dos años como una aspiración personal de Kelly Tejera, bombero de amplia experiencia, fundadora del GASIP, miembro de bomberos Antofagasta, desde 1997 hasta 2012, especialista en Primary Hospital Traumatic Life Suport (PHTLS), Soporte Vital Prehospitalario de Traumas. En la coordinación general de la brigada, está Gerardo Zeballos.

Tejera dice “El descontrolado incendio del bosque forestal de la Chiquitania motivó a personas de ambos sexos, que desinteresadamente deciden enrolarse como bomberos voluntarios civiles”

La impulsora de Ajayu indica que luego de una selección de postulantes, a los elegidos se los entrenó en resistencia física y, a cargo del personal del colegio de biólogos: manejo de animales e identificación de plantas ponzoñosas. Incluso, antes de partir, todo el grupo participó en el control y apagado del incendio de Pura Pura.

Manifiesta que a través de donaciones particulares, se consiguió el equipamiento, consistente en overoles, guantes, botas, cascos, mascarillas, sombreros y botiquines.

El 5 de septiembre, el grupo pionero de voluntarios civiles, integrado por Pablo Miguel Suárez, Cristian Alejandro Del Río, Alejandra Salazar, Karina Toro, Santiago Mamani, Kelly Ojeda, Daniela Salazar, Yonielt Bitre, Aldo Kellka y María Chávez, más la enfermera Virginia Pomar y las veterinarias Ana Salazar y Soledad Martínez, que complementaron la brigada forestal mixta, parte en un vuelo solidario de BOA, a Santa Cruz.

Bajo la tuición de SAR-Bolivia, se les asigna la localidad de Palestina como área de trabajo. Desde la capital cruceña, el grupo viajó seis horas, por tierra, hasta el Municipio de Concepción, de ahí, el recorrido se prolongó tres horas más, hasta llegar a Palestina, población de viviendas precarias, habitada por 37 familias.

TESTIMONIOS

A su retorno, el grupo de bomberos voluntarios Ajayu se siente fortalecido con la experiencia de haber participado en el “más grande incendio que se dio en Sud América…” Como lo define Reynaldo Flores, responsable de la Fundación de Conservación del Bosque Seco Chiquitano.

Con huellas físicas y espirituales, asimismo con la impotencia de ver cómo el fuego sigue destruyendo a la Chiquitanía, en una contienda totalmente desigual, como la lucha de David contra Goliat, el grupo enfatiza que las lesiones del cuerpo: llagas, picaduras, inflamaciones oculares, rostros quemados por el excesivo sol y el resplandor del fuego, pasarán; pero el dolor de haber perdido a uno de sus miembros: Pablo Miguel Suárez Nuñez, perdurará por siempre.

Para Cristian Alejandro Del Río, amigo de infancia del bombero fallecido, “El bosque que circunda a Palestina, es un paisaje que duele y huele a muerte. Donde contrastan, por un lado: el brillo del fuego amenazante y sinuoso que sobrepasa las copas de árboles con ramas trabadas y hojas amarillentas, por otro: áreas lúgubres y grises con troncos secos que se alzan de una alfombra negra cargada de ceniza. Todo enmarcado por un sol tan intenso que provoca dolor en la piel, un ambiente donde cuesta respirar por la densa humareda y el hedor a quemado penetra hasta el tuétano”.

Acota “Cada que salíamos a un operativo debíamos hacerlo bien concentrados, estaba en riesgo nuestra vida, nadie podía garantizar nada, no sabíamos lo que nos esperaba y tampoco si volveríamos al campamento”.

Virginia Pomar, enfermera, comenta “al ingresar a la zona parecía que nos introducíamos a una película de terror, todo devastado, esqueletos de árboles grandes destruidos, naturaleza sin vida. Pero lo que más nos llamó la atención es ver, pese a todo, por las mañanitas y por las noches: grandes camiones trasportando troncos, de los pocos que no se consumieron, no obstante la pausa ecológica”.

La voluntaria Karina Toro lamenta que en varias ocasiones el trabajo que realizaban resultara infructuoso”. Por las noches aplacábamos focos de calor y al siguiente día, en los mismos lugares, encontrábamos hojas y ramas secas amontonadas ardiendo. Personas inescrupulosas, vuelven a iniciar el fuego”

Santiago Mamani comenta que en base a estrategias, día a día, programaban sus actividades, pero antes de empezar a trabajar se encomendaban a Dios para que los proteja del fuego y accidentes, ya que al no tener una ambulancia o posta sanitaria próxima, ante una emergencia, podían morir.

Para Aldo Quellka, su preocupación era que la ropa no resistiera el excesivo calor que emanaba el fuego, ya que las cenizas calientes del suelo derretían la goma de las botas.

“Como las temperaturas diurnas oscilaban entre 40 grados a 50 cerca al fuego, decidimos hacer también operativos nocturnos, pero ahí nos enfrentábamos a otro peligro: el ataque de pumas y víboras. De hecho un superior al mando y mi persona fuimos sorprendidos por uno de esos felinos que nos estaba acechando por la espalda, inmediatamente los dos cogimos los machetes y lo enfrentamos decididos a todo por preservar nuestras vidas, pero el animal parece que olfateó la adrenalina y se fue alejando”, expresa Del Río.

A Alejandra Salazar, le conmovió las penosas condiciones de vida de los pobladores. “En la región no hay agua potable, ni luz, ni señal de internet, sino fuera por una cabina telefónica, estarían totalmente aislados. Los niños no tienen posibilidades de recibir una buena educación. Sólo tomaban agua de un pozo, pero al momento todo está contaminado”

Acota que por esta emergencia llegó a la comunidad donaciones de agua embotellada para bomberos y comunarios, quienes agradecieron profundamente esta atención.

Kelly Tejera expresa “el peligro en la región es constante: fuego, humo, viento; todos estamos expuestos a que, en cualquier momento, nos caiga un árbol encima o que el fuego al que estamos enfrentando, cambie de dirección y avance rápidamente hacia nosotros debido a vientos que superan los 90 Km por hora” y agrega “pero claramente se nota que todo lo ocurrido no es obra de la naturaleza, las patrullas encontraron a personas, in fraganti, con bidones y también los pobladores lo saben, pero tienen miedo denunciar por temor a represalias”.

EL HEROE DE PALESTINA

Pablo Miguel Suárez Nuñez, Ingeniero Civil de profesión, de 34 años de edad, nació en Riberalta, Beni, pero de corazón paceño y bolivarista.

“Pepo” como le decían cariñosamente sus familiares, desde niño mostró su amor por la naturaleza, los animales y los deportes. De carácter dócil, leal y alegre rápidamente se ganaba la simpatía y el cariño de su entorno.

Pablo, estudió y trabajó en la Universidad Loyola. El Lic. Germán Salamanca, responsable de RR.PP y coordinador del equipo de futbol de esa Casa Superior de Estudios, lo recuerda como una persona excepcional y uno de sus mejores jugadores del equipo universitario.

Cristian Del Río, afirma “ningún duelo puede honrar la vida que se apagó. Pablito fue a la Chiquitania para prestar su servicio con voluntad y amor por resguardar el bosque”.

Sus compañeros, testifican que en el corto tiempo que compartieron con él, siempre se mostraba colaborador, noble, de buen carácter. En su honor y por decisión unánime, la brigada, de ahora en adelante, es “Bomberos voluntarios Ajayu Pablo Suárez”, para que su nombre perdure por siempre.

Antes de salir de Concepción, en el sitio donde trabajaba Suárez cuando perdió la vida, levantaron, entre todos, un hito hecho de barro, piedra y troncos con una cruz que lleva su nombre.

PARTICIPACION

DE AJAYU

La comandante Kelly Tejera indica: “El entrenamiento fue el necesario, pero no suficiente, por las grandes dificultades del escenario en que nos tocó actuar. No obstante, el grupo logró controlar y sofocar varios focos de calor, incluso cuando muchos se fueron tras el fallecimiento de nuestro compañero, la brigada Ajayu decidió continuar, en su memoria, para completar la labor iniciada por Pablo”.

De igual manera, informa que la brigada coadyuvó al servicio de curaciones que realizan los religiosos de la escuela Fe y Alegría, tanto a personas como a animales, a los que previamente los bañaban, ya que por las condiciones ambientales presentan problemas cutáneos de diversa índole.

Sin embargo, deplora que donaciones realizadas exclusivamente para bomberos voluntarios, que se multiplicaron tras el deceso del Ing. Suárez, nunca llegaron al grupo Ajayu.

Y concluye con una exhortación a las autoridades “Es muy necesaria la presencia de ambulancias y médicos en todos los lugares, donde existan campamentos. Los del SAR tomaron contacto con el personal de Salud para promover esta demanda, pero nosotros no vimos resultados. Asimismo, si no hay declaratoria de Desastre será difícil seguir enfrentando al fuego”.

 
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