Por la invasión del mercado chino

Bordadores ven el fin de su profesión



En una espléndida casa cercana al Cementerio de La Paz, Tomás Choque –un hombre de apariencia corriente– muestra varios recortes de prensa amarillentos y desgastados. En ellos se le ve acaparando titulares, haciendo alarde del gran maestro bordador que fue en los años 80 cuando representaba a un gremio poderoso en el país.

Una foto de Tomás entregándole al presidente Paz Estenssoro una máscara de morenada le hace recobrar la sonrisa que los achaques al corazón le han robado desde hace ya algún tiempo. “El bordador muere”, sentencia, según la Agencia de Noticias Fides (ANF), mientras sostiene la imagen con las manos temblorosas. “Hay una cosa de cuatro bordadores reales (en La Paz) los demás puros cotillones los llamo yo”, cuenta con cierto aire enojado.

Los artesanos dedicados en La Paz a bordar los trajes folclóricos de entradas como el Gran Poder o el Carnaval de Oruro están en peligro de extinción por varios factores. Uno es la muerte paulatina de un sector conformado por hombres y mujeres que actualmente tienen una media de 80 años de edad. Otro es la falta de sucesores que quieran seguir su estela en un oficio sacrificado que requiere de dedicación y experiencia. Y la más reciente y devastadora para el sector, la injerencia del mercado de telas y productos chinos que abaratan exorbitantemente los precios y generan competencia desleal y destrucción del mercado local.

EXPERTO

Cleverth Cárdenas, investigador del Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef), asegura a ANF que el mercado chino está acabando con los maestros bordadores pero también con joyeros, convertidos en dinosaurios de la profesión o resignados a ser ensambladores de productos del exterior. “En joyería el material que llega de China no es plata, es metal bañado y parece real pero no lo es. Básicamente los artesanos ya han desaparecido. Está afectando bastante, muchos han perdido el trabajo o se han vuelto ensambladores”, apunta. 

PRODUCTOS CHINOS

Un paseo por la calle Kollasuyo de La Paz atestigua esa realidad. Decenas de tiendas y amplias galerías atestadas de polleras y telas –muchas provenientes de China– relegan los talleres de artesanos a rincones y espacios reducidos de la avenida. Varios comerciantes reconocen que se abastecen de productos asiáticos porque son más baratos. Octavio Mamani, uno de los pocos bordadores que sobreviven en el lugar, admite que la competencia se ha vuelto insostenible.

Unos metros más arriba el taller “Bordados Kollasuyo” propiedad de Tomás se mantiene gracias al apoyo de su esposa y de sus sobrinas, que en vacaciones aportan su mano de obra pero que no tienen ningún interés en gestionar el negocio.

La diferencia entre un traje artesanal y uno importado radica en la calidad pero especialmente en el precio. Uno tradicional de Kullawada cuesta alrededor de $us 600 mientras que si el material proviene del exterior se reduce a Bs 500, una diferencia sustancial. (Agencias)

 
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