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[Severo Cruz]

Negociaron la nueva fecha de las elecciones


Quiénes huyeron, en ocasión de la insurrección popular de noviembre del año 2019, jamás habrían pensado que una pandemia, de alcance global, iría a complicar la situación política en el país.

Creían que el retorno al Poder estaba a la vuelta de la esquina. Elecciones ya y triunfo seguro, dirían. Manejaban, en esa perspectiva, el resultado de ciertas encuestas, que quizá coincidían con ese propósito. Pero nunca tomaron en cuenta los escollos que pudieran presentarse en el camino. Y que alejarían esa posibilidad.

En plena cuarentena, cuando la población trataba de resguardar su vida y salud, promovieron, sin consideración alguna, la movilización de sus partidarios, las noches de petardo u hostigamiento. Utilizaron el parlamento como punta de lanza para exigir elecciones. Las manos de los “honorables” se levantaron, automáticamente, para pedir tal despropósito. Quisieron convulsionar el país, recurriendo a conocidas artimañas. Las instrucciones que venían del exterior se debían cumplir al pie de la letra. En caso contrario, se atendrían a las consecuencias quienes no lo hacían. Actitudes que provocaron el repudio de la mayoría ciudadana.

“El Poder desgasta”, afirma el aforismo. Quizá de manera inevitable y fatal. Sus secuelas son pagadas con creces, ante la historia y los hombres. En este caso el fraude electoral, entre otras cosas, fue el detonante que acabó con catorce años de régimen gubernamental autoritario. No sabemos ni nos interesa saber de dónde vino o quiénes fueron de la idea. Lo cierto es que ese proceso irregular causó la desgracia de los que sabemos.

En ese marco, los tiempos se mostraron reacios y la gente había cambiado de criterio para con ellos. Acá el pueblo por nadie está llorando. Y menos por quienes escaparon.

Es fácil practicar política todo el tiempo, fuera del país, en una residencia céntrica y con protección de organismos de seguridad, sin preocupación por el sustento cotidiano. Solo el Dr. Víctor Paz Estenssoro, propulsor de trascendentales conquistas, se ganaba la vida en el exilio, dictando clases en una prestigiosa universidad, de un país vecino, con quien estamos hermanados por la historia, en particular.

Los tiempos cambian de manera imprevisible. Se suceden el rato menos pensado. Nadie está en condiciones de vaticinar ese fenómeno. De ahí que la gente se limita a decir: “los tiempos que vendrán”. Una afirmación vaga e insegura. Hoy estás arriba y mañana puedes estar abajo o viceversa. Por ello habría que conducirse con humildad, tolerancia y respeto. Sin atropellar al amigo ni al enemigo. El pasado nos ofrece magistrales enseñanzas al respecto.

“Los tiempos que vendrán”, solía decir también mi padre, que, en la absurda guerra de los años 30, del siglo pasado, había caído herido y, por lo tanto, evacuado en febrero de 1935, del Regimiento Abaroa Primero de Caballería. Fue heroico y admirable, mi viejo, como tantos otros excombatientes.

En suma: las cosas no salieron a pedir de boca para quienes hoy son opositores. De ahí que se vieron ante la necesidad de negociar la nueva fecha de las elecciones. Ahora están de acuerdo con que sean realizadas en septiembre venidero. Ojalá las condiciones estén dadas para entonces.

 
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